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Siempre te han dicho que se te da bien expresar tus ideas, eres creativa, cuando hablas de tus pasiones la gente te escucha… pero, por algún motivo, tus textos no «llegan». No logras la reacción esperada por parte de los lectores, no hay respuesta ni interacción… ¿Qué ha sucedido?

Como correctora, me encuentro a menudo con textos así, aparentemente muy correctos, pero que no calan, no obtienen el resultado deseado. Hoy voy a compartir contigo tres errores muy frecuentes que te impiden conectar con tu lector.

3 errores que debes evitar

1. Elegir un vocabulario rebuscado

Puedes escribir de forma directa, que atrape la atención de tus lectores, o puedes *emitir producciones lingüísticas escritas tan sumamente inextricables que dejen a tu receptor obnubilado, ofuscado y aturdido. 😉

En mi experiencia, usar demasiadas palabras cultas en tus textos hace que tus lectores no capten bien tu mensaje, se sientan perdidos y abandonen la lectura. Normalmente, el abuso de palabras tan rebuscadas suele ser un intento de camuflar nuestras propias inseguridades.

¿Un consejo? Repasa tus textos antes de publicarlos e intenta sustituir todas las expresiones que puedas por otras más sencillas. Tus lectores te lo agradecerán.

2. Abusar de los adjetivos antepuestos

No falla, en la inmensa mayoría de los textos que reviso una de las cosas que tengo que modificar es la posición de los adjetivos.

En español, la posición natural del adjetivo es detrás del sustantivo; sin embargo, como es una lengua bastante flexible, se permite que lo pongamos delante. De hecho, el adjetivo antepuesto (puesto antes) destaca más, es más enfático, algo estupendo cuando deseas que alguna idea brille un poco más. ¡Pero cuidado! Abusar de los adjetivos antepuestos puede hacer que tu texto resulte artificioso (poco natural) y que genere en tus lectores una reacción inconsciente de rechazo.

¿Mi recomendación? Si quieres escribir de forma más cercana, pon al menos nueve adjetivos detrás por cada uno que coloques delante.

3. Frases o párrafos interminables

Este es probablemente el error más frecuente que me encuentro cuando reviso textos. El lenguaje hablado y nuestro pensamiento verbalizado tienen en común la tendencia a enganchar una idea con otra y otra más. Esto, en cuestiones de gramática, se traduce en muchas oraciones subordinadas.

Aunque este hábito está bien en la oralidad, por escrito resulta demasiado complicado para los lectores. Es habitual encontrarnos con frases que ocupan tres o cuatro líneas, párrafos que llenan media página… Esto resulta muy cansado si es la tendencia predominante en el texto, y quien lo lee acaba abandonando o al menos distanciándose.

¿La solución? Revisa tus textos y acorta la mayoría de las oraciones. ¡Ganarás en claridad!

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