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Uno de los bloqueos que con mayor frecuencia afectan a nuestra escritura es el síndrome de la impostora. Es una condición psicológica que consiste en ser incapaces de ser objetivas respecto a nuestras propias capacidades y logros, de manera que vivimos con la sensación constante de que no tenemos mucho valor que aportar, de que nuestros méritos son inmerecidos, de que van a descubrir nuestra escasa valía y de que algún día todos se darán cuenta de que no somos más que un fraude. ¿Crees que podrías estar sufriendo de este síndrome al escribir tus textos? No estás sola. Es muy habitual, especialmente en campos relacionados con la creatividad, incluso en personas a las que ya se les han reconocido algunos éxitos.

Síntomas del síndrome de la impostora

No tiene nada que ver con el talento

De hecho, siempre me sorprendo cuando descubro que personas a las que admiro muchísimo lo han sufrido.

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, de Maya AngelouLa maravillosa escritora Maya Angelou padecía este síndrome, y lo explicaba con estas palabras: «He escrito once libros, pero cada vez pienso que me van a descubrir de repente. Como si se la hubiese jugado a todo el mundo y me fuesen a pillar».

El escritor Neil Gaiman cuenta en su blog una anécdota impactante. Un día conoció a Neil Armstrong en una convención a la que ambos acudieron, y no desaprovechó la oportunidad de acercarse a hablar con él. Armstrong terminó por hacerle una confesión: que miraba a todas las personas de aquella sala pensaba «¿Qué demonios estoy haciendo aquí? Todos ellos han realizado cosas asombrosas; yo simplemente fui donde me enviaron».

La actriz Natalie Portman confesó en un discurso que dio en 2015: «Hoy me siento como cuando entré en Harvard Yard en 1999. En aquellos días me sentía como si hubieran cometido un error, como si yo no fuera lo bastante inteligente para estar en esta compañía de teatro y cada vez que abriera la boca tuviera que demostrar que no era una actriz pésima».

¿Quieres saber si el síndrome de la impostora te está afectando en tu escritura?

Muchas personas se ven afectadas por el síndrome de la impostora al escribir, y esto influye en su creatividad y en su rendimiento. La mayoría de ellas sufren uno o varios de los siguientes cinco problemas:

Procrastinar

Hay personas que son procrastinadoras crónicas, que nunca terminan nada de lo que se proponen porque siempre lo dejan para más tarde. Pero no me refiero a eso.

Las personas al las que les afecta el síndrome de la impostora a la hora de escribir son normalmente productivas en otros ámbitos, pero en lo que se refiere a sus tareas de escritura siempre lo dejan para más tarde, se distraen limpiando, viendo una serie, consultando las redes sociales. Siempre encuentran una buena excusa para ocuparse con algo diferente que les impida escribir. En otras palabras, procrastinan para evitar tener que lidiar con esa sensación de ser un fraude a punto de ser descubierto.

Cuestionarse

Las supuestas impostoras tienen la necesidad imperiosa de revisar cada coma, cada palabra, cada frase. Las reexaminan, les dan vueltas, las reescriben. Nada les parece bueno en sus propios textos, sospechan de cada frase. A menudo corrigen mientras escriben y eso hace que dediquen mucho tiempo para avanzar muy poco. Cuando terminan de redactar, en lugar de corregir sus textos dos o tres veces los revisan una y otra vez y les cuesta darlo por terminado y pasar al siguiente. No es extraño que finalmente decidan que todo el texto es malísimo y lo abandonen para volver a empezar de cero.

Posponer la publicación

A menudo continúan trabajando y trabajando en ese texto, nunca llega el momento de publicar y poner el texto a disposición de otros que puedan juzgar su trabajo. En el fondo, temen que alguien lea sus textos y les quite la máscara, descubriendo ante todo el mundo que en realidad son un fraude.

Investigar demasiado

Se pasan la vida entera buscando ese último dato, ese extra de información que sienten que deben aportar. En realidad, la constante necesidad de consultar más bibliografía (e incluso ponerla en un listado enorme al final de sus textos o de sus clases, como si fuera un trabajo universitario) delata que en realidad están posponiendo un poquito más el momento de empezar a escribir, o de dar el texto por terminado antes de publicar.

No comprometerse al 100 %

Por último, están lo que escriben, sí, pero no se comprometen de verdad con la escritura. En el fondo, temen igualmente ser juzgados, por eso siempre se adelantan a decir que no es su mejor articulo o que en realidad lo escribieron a toda prisa. Al final, resulta que acaban cumpliendo aquello que temen: por miedo a que la gente descubra que son un fraude, acaban publicando siempre trabajos de segunda categoría.

¿Te has sentido identificada?

Si te has visto reflejada en uno o varios de estos síntomas, es probable que tu escritura esté sufriendo las consecuencias del síndrome de la impostora. ¿Quieres que te ayude a solucionarlo? Únete a mi grupo Escribe más y mejor y plantéame allí tu problema.

PD: En las próximas semanas, seguiré dándote información sobre el síndrome de la impostora, para que aprendas a reconocerlo y a combatirlo.

 

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