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¿Sabes lo que es un agujero de conejo? Es el nombre que recibe una de las trampas más importantes en la que podemos caer cuando escribimos contenidos de cualquier tipo. ¿Quieres saber en qué consiste y cómo evitarlo? Pues sigue leyendo este artículo.

Agujero de conejo: esa distracción que te saca de tu foco

¿Qué es un agujero de conejo?

Todos caemos alguna vez en un agujero de conejo. Es un problema muy habitual. ¿Pero en qué consiste? ¿Por qué ese nombre tan raro? Para explicarlo tenemos que hablar de una obra literaria bastante conocida: Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.

¿Recuerdas el comienzo de esa historia? Alicia estaba aburrida en un prado escuchando leer a su hermana. Repentinamente, aparece un conejo blanco enchaquetado y con un reloj de bolsillo diciendo entre dientes que llega tarde. Alicia siente curiosidad y lo sigue, entra en su madriguera y acaba cayendo por un profundo pozo que no parece tener fin para aterrizar en un país donde las leyes de la lógica no se siguen como en el nuestro.

En honor a esa historia, llamamos «agujero de conejo» a esos sucesos imprevistos que, sin darnos cuenta, acaparan nuestra atención y acaban haciéndonos caer en la falta de concentración. Como en la historia de Alicia. Nos pasa más a menudo de lo que imaginamos, y pueden arruinar nuestras sesiones de escritura.

Por qué es tan peligroso un agujero de conejo

  • Pierdes la concentración y la inspiración.
  • Tardas muchísimo más en redactar tus textos.
  • Con lo mucho que te cuesta encontrar el momento para escribir, de esta manera te acaba tomando varias sesiones escribir un texto sencillo.
  • Corres el riesgo de abandonar este texto a mitad de trabajo y dedicarte a otras cosas.
  • Algunas veces ya no vuelves a retomarlo nunca, porque das prioridad a otros proyectos. Y todo el tiempo y esfuerzo invertidos han sido para nada.

¿Quieres aprender a reconocer y a evitar los agujeros de conejo? ¡Pues sigue leyendo!

1. Notificaciones

El problema: Te sientas delante del ordenador, empiezas a teclear y de pronto escuchas un sonido y salta la notificación: «Menganita (tu mejor amiga) ha respondido a tu comentario en el post de Zutanita». Te mueres por ver si se ha reído de tu ocurrencia. Adiós concentración. Acabas de entrar en las redes sociales. Este es solo un ejemplo, también puede ocurrir con el correo electrónico y con las decenas de aplicaciones que tienes en tu móvil.

La solución: Silencia o apaga tu teléfono. Cierra tu navegador o desactiva las notificaciones. Si escribes en tu navegador, por ejemplo en WordPress o en alguno de los navegadores minimalistas que te recomendé, utiliza una extensión que bloquee durante tus sesiones de trabajo las páginas que normalmente distraen tu atención, como redes sociales, tiendas online o el correo electrónico. Por ejemplo, esta extensión para Chrome.

2. Tareas de investigación

El problema: Cuando te pones a escribir tu último artículo sobre los beneficios de portear a tu bebé, piensas que estaría bien enriquecerlo con evidencia médica, así que te vas a Google a buscar los muchos estudios científicos que avalan lo que tú pretendes explicar. Ya no estás escribiendo, aunque creas que estás dedicada a lo que tenías que escribir. Has caído en el agujero de conejo.

La solución: La investigación para tus posts deberías separarlas de las sesiones de escritura. Cuando estés montando tu calendario editorial, anota también qué necesitas investigar para cada post y hazlo por adelantado, antes de ponerte a escribir. Si cuando ya estás escribiendo te surge algo con lo que no contabas y que te gustaría buscar, haz una marca en el texto (yo, simplemente, tecleo INVESTIGAR en mayúsculas) y anota en una libreta u hoja de papel que tengas junto al ordenador el tema a investigar, como primer punto en la revisión que hagas del texto una vez terminado.

3. Comprobaciones

El problema: Estás escribiendo un capítulo genial para tu libro y se te ocurre una comparación interesantísima entre el problema de tu lector ideal y una escena de la película Terminator. Estás redactando, explicando ese momento en que Arnol Swa… Chua… Suazenéguer… ¿Cómo diablos se escribía? Maldices la ortografía de los apellidos austriacos y te vas a Google a comprobarlo. Y justo el primer resultado que te devuelve el buscador es un vídeo de una brutal patada que le dieron en un acto… Solo dura 38 segundos. Tampoco es tan grave si lo ves ahora. Ya estás en el agujero de conejo.

La solución: Igual que sucedía con el problema anterior, haz una nota dentro del texto (yo pondría SUAZENEGUER BUSCAR en mayúsculas) y otra en tu checklist para la primera revisión. Ya lo buscarás más tarde.

PD: Se escribe Schwarzenegger. 😉

4. Maquetación

El problema: Estás escribiendo y muy inspirada, te ha quedado una frase genial. Tal vez deberías ponerla en negrita.

O hacer una cita destacada, que luce más.

¿Qué título quedaría bien para esta sección? ¿Tendrás que buscar una imagen? ¿Te está quedando demasiado largo el post? No te has dado cuenta y ya no estás escribiendo.

La solución: No puedes dejar que los detalles secundarios te distraigan de lo más importante, que es tu contenido. La maquetación es muy importante, claro, pero viene después, cuando ya has escrito el texto. Sin ninguna excepción. Si sueles caer con frecuencia en este agujero de conejo, te recomiendo que escribas en un editor de texto minimalista, que no te permita hacer nada más que escribir.

Síndrome del Objeto Brillante

El problema: El Síndrome del Objeto Brillante es muy habitual en las mentes creativas. No lo podemos evitar, es nuestra forma de pensar: cada idea trae asociadas otras seis o siete. Y tenemos la capacidad de enamorarnos varias veces en el mismo día.

Por eso, a veces cuando estás escribiendo te surge una idea fabulosa. Con suerte sigues escribiendo haciendo alarde de concentración, pero esa idea te emociona cada vez más. No se te va de la cabeza. Ya no puedes concentrarte en lo que estabas escribiendo: necesitas enfocarte en esa nueva idea ahora que estás inspirada. Abandonas o postergas el proyecto original y empiezas a escribir el nuevo. Va a ser genial… a no ser que se te ocurra una idea mejor. Y, seamos honestos, es bastante probable que eso pase. He de confesar que he acumulado una lista considerable de posts a medio escribir en mi blog, y siempre me prometo que algún día los revisaré.

La solución:

  • Ten un listado de nuevas (brillantes) ideas anotadas en una libreta, preferiblemente en una dedicada exclusivamente a la escritura, que tengas siempre junto al ordenador. Anota inmediatamente la idea, incluso un breve esquema si lo tienes claro.
  • Luego, sigue escribiendo tu actual proyecto al menos hasta terminar esta sesión de escritura (yo te recomiendo que trabajes por bloques de 60 minutos, así que sería un bloque de trabajo).
  • Al llegar el siguiente bloque de trabajo, si continúas enamorada de aquella idea, puedes dedicarte a trabajar en su estructura como máximo un bloque de trabajo. Así tienes el boceto de la idea cuando aún está fresca para poder retomarla cuando puedas.
  • Continúa trabajando en el proyecto original hasta que lo termines. Si es un proyecto largo, puedes alternarlo con el nuevo usando para este solo tus ratos libres, no el tiempo que ya tenías programado para trabajar. Por ejemplo, puedes dedicar la hora a la que normalmente ves una serie por la noche, o si te cancelan una cita.

Si te has quedado con ganas de más…

¿Te ha resultado interesante este tema? ¿Te gustaría recibir más consejos como estos? Una vez por semana, envío a mi tribu de escritoras un correo electrónico con temas relacionados con la escritura, como productividad para escritores, motivación, consejos… Son contenidos que no comparto en ningún otro lugar. ¿Te gustaría formar parte? Déjame tus datos en el formulario de abajo y te haré llegar, además, mi ebook de regalo 15 excusas para no escribir (y cómo superarlas). ¡Gracias! 🙂

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