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La clave para el buen contenido, recetas de cocina y Steven Spielberg

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No nos basta con crear contenido sin más: queremos crear buen contenido. Yo llevo haciéndolo 17 años: como hobbie, por cuenta ajena y como parte de mi propio negocio. Y he descubierto que la clave para crear buen contenido estaba en las recetas de mi abuela y en la biografía de Steven Spielberg. En el episodio de hoy te cuento en qué consiste.

¡Dale al play y etiquétame en redes contándome qué te ha parecido el episodio!

También puedes escuchar el episodio en Spotify, Apple podcast, Spreaker, Ivoox, Podimo o buscando «Contenidos creativos» en tu plataforma de podcasting favorita.

Transcripción del episodio

Disclaimer: Contenidos creativos se ha creado como podcast y está diseñado para ser escuchado, no para ser leído. Así que te animo a que escuches el audio, que incluye matices de voz, efectos sonoros y énfasis en determinadas frases. Todo esto permite identificar, por ejemplo, una broma, que no debe ser entendida literalmente, lo que no sería posible por escrito. He generado esta transcripción con un software de reconocimiento de voz y puede contener errores. Por favor, comprueba el audio correspondiente antes de citarme en cualquier publicación.

[Las autoridades sanitarias advierten que este podcast puede aumentar seriamente tu creatividad].

En este episodio te hablo de la que para mí es la clave para comunicar bien en redes, de placer y de Steven Spielberg. ¡Empezamos!

Esto es Contenidos creativos con Mer Flores, un podcast donde aprender a ser más creativa en tu comunicación online.

Hola, ¿qué tal? Soy Mer Flores y estoy aquí una semana más, dispuesta a inspirarte hablando de creatividad y de contenidos.

Y voy a empezar contándote una pequeña historia sobre mí.

Las recetas de mi abuela

Mi abuela paterna era una supercocinera, hacía unos platos deliciosos. Mis favoritos eran… bueno, su sopa, que era una auténtica maravilla, la carne mechada y las croquetas, que le salían fabulosas.

Pero lo importante no es que hiciera esos platos tan deliciosos, sino que además los hacía superrápido. Con ella era muy sencillo pasar de «¡Dios mío, ha venido alguien de visita y no tengo nada preparado!» a tener un festín de varios platos exquisitos encima de la mesa en menos de media hora.

Pues bien, hubo una temporada en la que a mí me dio porque quería aprender a cocinar, de muy jovencita. Y claro, pues me puse a pedirle a mi abuela algunas recetas. Y ella tuvo un montón de paciencia conmigo, para ir dictándome paso a paso cada una de las cosas que había que hacer mientras yo las iba apuntando en una libreta (y ella de reojo comprobaba que yo apuntaba lo que debía, claro). Y tenía una costumbre: cuando me daba una receta, y es que siempre terminaba con la misma frase. Me decía: «¡Lo más importante, el ingrediente secreto! Mucho cariño.

Yo la verdad es que creía que era una tontería de mi abuela, una broma, pero claro, para seguirle… un poquito el rollo, me hacía la sorprendida cada una de las veces que decía esa frase y apuntaba el cariño en la lista de ingredientes.

Con los años, mucho después de haber perdido a mi abuela, me he dado cuenta de que ella tenía toda la razón. La verdad es que lo que se hace con cariño sabe diferente.

Hablando de cocina, desde luego. A mí la verdad es que me gusta mucho cocinar (debo de haberlo sacado de ella), pero es verdad que no salen exactamente igual estos platos que haces casi sin pensar, por rutina, todos los días sin prestar mucha atención, porque estás pensando en lo que tienes que hacer después, que cuando de verdad le pones cariño y le pones mimo a una receta, cuando estás creando algo nuevo y estás pensando en cómo lo van a saborear, o simplemente cuando viene alguien especial a comer y te imaginas cómo será ese momento de disfrutar de esa comida.

Así que he asumido el consejo de mi abuela y pienso que lo que se hace con cariño o, mi versión adaptada suele ser lo que se hace con pasión, en realidad sale mucho mejor.

Mer, me encanta tu contenido

Mira, a mí me pasa algo con esto. Casi cada semana recibo algún mensaje, ya sea por Instagram, por Telegram, por email… contándome por dónde me han conocido y que les encantan mis contenidos antes de entrar pues… al motivo de su mensaje.

Y claro, a mí me hace mucha ilusión recibir este tipo de comentarios en torno a mis contenidos, porque pues es cierto que les he puesto bastante esfuerzo e interés y es agradable saber que están gustando. Pero la verdad es que tengo un secreto para crear unos contenidos que impacten tanto a mi público.

Por un lado, obviamente, están las técnicas para elaborar estos contenidos, trucos, conocer bien los formatos y cuáles son sus reglas y cuál es su forma de desarrollarse mejor. De todo esto hablo, por ejemplo, en mi escuela Creadoras de contenido.

También es importante tener bastante práctica. No es lo mismo cuando estás empezando en un formato que cuando ya tienes cierta experiencia. Yo querría que vieras ahora mismo los primeros vídeos que yo grabé hará ya unos 2 años, cuando empezaba mi emprendimiento. Daban absoluta pena, la verdad. Y ahora mismo pues… me siento muy suelta en el formato vídeo, igual que estoy empezando a soltarme en el formato podcast, y al principio no me resultaba tan fácil. Tenía que grabar varias veces, porque no siempre quedaba como yo quería, y me resultaba mucho más complejo. Entonces, la práctica, por supuesto, también es un factor muy importante.

Pero te voy a ser sincera: lo más importante para que mis contenidos generen ese impacto en mi público ¡es que a mí me encanta! Me divierto muchísimo creándolos, me hace muy feliz utilizar así mi creatividad, pensar en muchas nuevas de transmitir los mismos conceptos básicos pensar en nuevas analogías, nuevas formas de explicar lo mismo, pensar tal vez en cómo sacarles partido a nuevos formatos, formatos diferentes, o darles una nueva utilidad a formatos antiguos. Ese es el secreto, es el ingrediente estrella: la pasión. Yo lo veo absolutamente claro.

Cuando no hay pasión, no hay buen contenido

Mira, durante un par de años de mi vida yo fui redactora para una empresa publicitaria que escribía para otras empresas. Escribía en el blog de una aseguradora, de una marca de cosmética y de una funeraria, entre otras.

Mis posts eran perfectos: tenían la extensión adecuada, el uso correcto de palabras clave, estaban bien redactados, afrontaban la temática de manera original, tenían una estructura correcta… pero les faltaba algo, les faltaba la chispa, les faltaba… no te sé decir. Porque objetivamente, si analizo alguno de esos posts que escribí en aquella época, están bien escritos, son buenos posts, pero no son los que yo enseñaría ahora mismo y te diría «estoy orgullosa de esto».

La verdad es que aquel era un buen trabajo, hacía bien mi trabajo, pero a mí me importaba un pimiento aquello sobre lo que estaba escribiendo me daba absolutamente igual. Y yo creo que eso traspasa la pantalla, eso se nota. Por suerte, la vida me lo puso muy fácil en ese sentido: simplemente, me ofrecieron un trabajo diferente que me atraía más y dejé de trabajar como redactora.

El buen contenido te hace feliz

Venga, voy a contarte otra batallita. Cuando yo era adolescente, anuncié en mi casa que iba a estudiar Filología, y eso supuso toda una crisis familiar. «¡Una carrera tan mediocre!» (así la describieron). Para entrar en Filología no había nota de corte, así que yo donde debía entrar era en Medicina o en alguna otra carrera similar, porque yo sacaba buenas notas en ciencias, incluso había participado en un concurso de mates. ¡Cómo iba a estudiar Filología!

En aquel momento, yo cerré la conversación diciendo que prefería ser una gran filóloga que una médica mediocre. Y es que estaba convencida de que no podría pasar de mediocre en algo que a mí no me gustaba nada.

La verdad es que si esta situación la viviera con lo que sé hoy, habría preferido utilizar el argumento de que como médica habría sido muy infeliz. Pero bueno, ya no puedo cambiar el pasado.

En conclusión, lo que quiero decir es que cuando lo que haces te apasiona y te hace feliz, disfrutas más, y sin duda lo haces mucho mejor.

Steven Spielberg y el buen contenido

En este sentido hay una historia que también me llamó mucho la atención desde que la conocí, y es la historia del director de cine Steven Spielberg. En concreto, una anécdota de su trayectoria.

Su padre, Arnold Spielberg, era ingeniero eléctrico y un entusiasta absoluto por la tecnología desde muy pequeño. De hecho, obtuvo un montón de trabajos superimportantes como ingeniero de computadoras que motivaron que la familia Spielberg se trasladara un montón de veces durante la infancia de Steven.

Bien, cuando Steven tenía 10 años, su madre Leah le regaló una cámara casera de 8 mm a su marido por el día del padre y no pasó mucho tiempo hasta que Steven, atraído, cogió prestada la cámara de su padre. La utilizó para filmar escenas con sus juguetes, con maquetas de trenes, para grabar noches de camping e incluso dedicó horas a grabar con distintas iluminaciones, utilizando diferentes planos, el tapacubos del coche familiar.

Su padre hacía vídeos caseros cuando salían de viaje familiar, pero estos vídeos estaban desenfocados y no tenían ninguna gracia. Y claro, Steven no tardó en llegar con una enorme lista de sugerencias que le dio a su padre para que aprendiera a hacer mejores vídeos. Pero su padre tuvo una idea muchísimo mejor: le regaló la cámara a su hijo.

Desde entonces, Steven fue el encargado de filmar todos los viajes familiares, y el salón de su casa se convirtió en un espacio lleno de atrezzo. Casi todos los días se grababa algo en casa de los Spielberg. Steven aprendió iluminar, aprendió a manejar el sonido y a utilizar los planos de cámara para lograr justo el efecto que él quería. Obligaba a su familia a disfrazarse y actuar. Por suerte, ellos siempre le apoyaron e incitaron a que siguiera su pasión.

Muy pronto, llevaba la cámara a todas partes. De hecho, un día en los Boy Scouts, hizo con sus compañeros un western de 9 minutos y luego les hizo un pase especial a todos para ver la película. ¡Y sus compañeros se volvieron locos, gritando y silbando entusiasmados! «En aquel momento, supe lo que quería hacer por el resto de mi vida», diría Spielberg años más tarde. Tenía entonces solo 11 años.

Y este es el principio de la carrera de uno de los grandes del cine.

Y yo creo que llegó a ser grande… por talento, obviamente, pero también porque había una pasión que le guiaba desde muy pequeño en esa dirección. Y esa pasión le hacía practicar, practicar sin cesar. Steven Spielberg lleva haciendo películas desde los 10 años, cuando cogió por primera vez una cámara para empezar a experimentar. Es obvio que eso tiene mucho que ver en su trayectoria.

A mí también me pasó

La verdad es que yo, en el fondo y salvando las distancias (obviamente), sí que me identifico con esta historia de Steven Spielberg.

Te voy a contar cuáles eran mis juegos de niña:

  • Bueno, primero leer, leer y leer. Leía varios libros a la semana. Cuando querían castigarme, de hecho me castigaban sin leer.
  • Escribir cuentos y obras de teatro, que obligaba a ensayar y representar a mis amigas en el recreo.
  • Crear revistas y periódicos caseros con todas sus secciones.
  • Grabar con mis amigas falsos programas de radio con un radiocassette de doble pletina.
  • Hacer dibujos que resumiera en mis apuntes de las asignaturas más pesadas del colegio, para hacérmelas más sencillas. Hoy lo llamaríamos «infografías». ¡Lástima que no conservo ninguno!

Vamos, que me pasaba como a Steven Spielberg, que se me notaba desde pequeña lo que me gustaba. A mí lo que me gustaba, lo que siempre me ha gustado, es la comunicación en sus facetas más diversas. Acabé haciendo Filología después de descartar Arte Dramático por ser demasiado específico y Periodismo porque lo de informar de noticias a mí me parecía superaburrido. Para mí tenía sentido hacer Filología, porque crecí pegada a los libros.

Entonces no existían todavía las redes sociales, y ni siquiera tenía un ordenador ni internet en casa. Eso vino después. Pero si yo miro mi niñez, ahí está el germen de esa pasión por comunicar y compartir contenido.

La clave para crear buen contenido

Por eso, cuando me preguntan por la clave para crear contenidos de cualquier tipo, que tengan verdadera personalidad, auténtica chispa, siempre me acuerdo de mi abuela: siempre pienso que el ingrediente secreto, el ingrediente imprescindible es que aquello te apasione.

Necesitas que lo que haces te apasione, te guste de verdad, que no te importe dedicarle mil horas, que te brillen los ojos cuando hables de eso. Si no es así, tal vez deberías replantearte cambiar de ocupación, o tal vez necesitas reconectar con esa pasión. Porque, como pasa con cualquier tipo de relación, a veces la rutina deteriora nuestra relación con aquello que realmente nos gusta.

Por suerte, es recuperable. Piensa en cómo empezaste, cómo llegaste a eso que estás haciendo ahora, qué es lo que te motivó, que es lo que te entusiasmó, e intenta cultivar precisamente aquellas cosas que hacen que te encante lo que haces. Disfruta todos los días con lo que estás haciendo. Es lo mejor que puedes hacer para, de verdad, empezar a comunicar de una forma mucho más efectiva.

Y es que la clave, desde mi punto de vista, está siempre en el disfrute. Si no te lo pasas bien, lo digo siempre, no merece la pena. No merece la pena invertir tu tiempo en crear contenidos con los que no te lo pasas bien, primero porque la vida son dos días y no puedes perderlos haciendo algo que no te gusta; pero además porque da igual cuánto te esfuerces, si no crees en aquello que estás comunicando es mucho más difícil que llegue a tu público.

Además hay algo superimportante: si tú disfrutas no te va a importar pasar mucho tiempo no solo creando tus contenidos, sino también leyendo, documentándote, viendo vídeos de YouTube, escuchando podcasts, viendo cómo otras personas explican ciertas cosas, cuáles son sus opiniones, escuchando charlas TED… Es decir, los buenos contenidos son, en cierto modo, una mezcla de conocimientos, inspiración, práctica, técnica, creatividad… Un poco de todo. Pero la base, la base para todo eso es siempre la pasión. Así que ya sabes: cuando empieces a elaborar tus propias recetas para crear contenidos, no te olvides de apuntar siempre, al final de la receta, el ingrediente secreto: como diría mi abuela, mucho cariño o, como te digo, yo mucha pasión por lo que haces.

Despedida

Y esto es todo por hoy. Me encantará saber que me has estado escuchando, así que… ¿Por qué no lo cuentas en Instagram o en Twitter y me etiquetas? Mi nombre en redes es @merescritura. Estoy deseando verte y responderte.

Ya sabes que puedes suscribirte al podcast en la plataforma de podcasting que prefieras o puedes verlo en mi web merflores.com/contenidoscreativos, aunque si estás suscrita a mi lista de correo lo recibirás cada sábado con comentarios extra en cuanto esté publicado.

Te deseo que tengas una semana supercreativa. Te espero en el siguiente episodio y, hasta entonces, ¡que la Musa te acompañe!

¡Hola, soy Mer! 😊

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2 comentarios en “La clave para el buen contenido, recetas de cocina y Steven Spielberg”

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