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El narrador omnisciente

A menudo, algunos autores noveles se aferran a un determinado punto de vista con el que se sienten más cómodos. Es importante no tener miedo a experimentar con nuevas perspectivas, observar las historias desde otro ángulo y ver qué pasa.

Por eso, vamos a comenzar a analizar en profundidad los distintos tipos de narradores y sus peculiaridades. Hoy le toca el turno al narrador omnisciente.

Narrador omnisciente

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Cómo elegir el narrador que más te conviene

Últimamente, cuando corrijo un manuscrito o realizo un informe de lectura, detecto con mucha frecuencia una mala elección del narrador. En mi opinión, este error se debe a dos motivos: por un lado, la inexperiencia de escritores que aún no tienen una técnica perfeccionada; por otro, que la mayoría de cursos y coaches de escritura actuales enseñan muchos trucos para elaborar complicadas fichas de personaje o entretejer una trama muy compleja, pero en cuanto a la elección del narrador se limitan a hacer un listado de los tipos de narradores y algunas prácticas, pero no otorgan la importancia que merece a una decisión que es crucial para la efectividad del texto. Hoy voy a ayudarte a elegir con criterio cuál es el tipo de narrador que más te conviene.

El narrador que más te conviene

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Lánzate a escribir en grupo

Escribir ha sido siempre una tarea solitaria… ¿o no? Aunque es cierto que un escritor debe pasar gran parte de su tiempo trabajando a solas, la figura del «escritor ermitaño» no es más que un tópico. El ser humano es un animal gregario, y vive y trabaja mejor en grupo. Y hoy voy a demostrarte que escribir no es una excepción.

Escribir en grupo

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Consejos de estilo de Ernesto Sábato

Una cosa que siempre me ha fascinado es aprender sobre cómo hablan los escritores sobre su propio proceso de creación literaria… Colecciono esta clase de citas, tengo cuadernos enteros llenos de ellas, incluso los amigos que conocen esta debilidad mía me las envían cuando se topan con alguna.

Me gusta compartir contigo alguna de ellas de vez en cuando, y hoy he elegido una que me encanta de Ernesto Sábato, el autor de El túnel, una de mis novelas de cabecera. Hoy hablamos sobre estilo.

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Claves para manejar el ritmo en una novela

El ritmo es uno de los elementos más importantes y a la vez más complejos para componer una novela. De su dominio depende en gran medida la calidad del escrito: he visto argumentos espectaculares languidecer a causa de un ritmo mal gestionado, y sin embargo a diario historias de pacotilla se convierten en best-sellers a causa del hábil manejo de la intriga. Sí, justo esos libros que decimos que «nos enganchan» y no podemos dejar hasta que los acabamos.

No existe una fórmula mágica para proporcionar a una historia el ritmo adecuado. Este es un elemento muy difícil de dominar, y depende de muchas variables. Si embargo, en el artículo de hoy voy a exponerte algunas claves para que comprendas el manejo del ritmo en una novela y que puedas aplicarlas a tus textos.

ritmo en una novela

Las modalidades textuales

La novela es uno de los géneros narrativos más importantes, si no el que más. Pero no se compone únicamente de narración. Una novela se forma entretejiendo tres modalidades textuales diferentes: narración, descripción y diálogo.

La narración es esencialmente el relato de las acciones. Por eso, aporta movimiento a nuestro texto. La descripción, sin embargo, es estática, así que cuanto más describamos más se ralentiza el ritmo de nuestra historia. Por último, el diálogo proporciona mucho dinamismo, pero debemos escoger muy bien qué fragmentos del discurso seleccionamos. Si mantenemos el diálogo superfluo el ritmo se detiene y el lector se aburre:

—Hola.

—¿Qué tal? ¿Llevas mucho esperando?

—No, solo cinco minutos. ¿Pedimos? Yo quiero un café con leche.

—Yo, un zumo de naranja natural.

—Bueno, pues tú dirás, ¿para qué querías verme?

—Es un asunto un poco delicado. Alguien ha descubierto nuestro trato. He recibido un anónimo que amenaza con llamar a la policía.

En el ejemplo puedes ver muy claramente cómo la primera parte del diálogo sobra, le resta importancia y dramatismo al meollo, que es lo que se dice al final. Así, en un texto suelto, te resultará muy evidente, pero te sorprendería saber cuántas novelas recibo al año con diálogos como el que he simulado arriba.

En resumen, en parte el ritmo de tu novela depende de cómo combinas los fragmentos de narración, descripción y diálogo. Altérnalos con equilibrio, e intentando no excederte en la extensión de ninguno de ellos.

Capítulos cortos

Otro factor que afecta al ritmo de tu novela es cómo la organizas en capítulos. Ponte en la piel de tu lector. ¿No te pasa alguna vez que estás leyendo en la cama, te caes de sueño y luchas por terminar ese capítulo por no dejarlo a medias? O peor aún, cuando te apetece leer solo un poco más, pero ves que el siguiente capítulo es muy largo y eso te desanima porque ya es tarde. Normalmente, el mismo texto fraccionado en capítulos más cortos suele funcionar mejor porque eso agiliza el ritmo interno (suele haber saltos temporales, por pequeños que sean, en el cambio entre capítulos) y también la velocidad de lectura de los que te lean.

El manejo del tiempo

Aunque la narración sea esencialmente acción, el predominio de los fragmentos narrativos no garantiza un ritmo trepidante. Para esto, hay una fórmula muy sencilla: hemos de relacionar el tiempo interno de lo que estamos narrando (cuánto tardan en desarrollarse los acontecimientos que contamos) con el tiempo externo del lector (cuánto tarda en leer nuestro texto). Cuanto mayor sea el primero respecto al segundo, más rápido es el ritmo.

Eso sí, no olvides tener cuidado con acelerar demasiado. No quieres quemar a tu lector, así que tienes que saber combinar pasajes que le dejen sin aliento con otros más calmados.

Flashback y flashforward

La analepsis y la prolepsis (más conocidos por la mayoría por los anglicismos flashback y flashforward). Son interrupciones en el tiempo de la historia, detenemos la narración de los hechos que nos ocupan para contar algo que sucedió en el pasado (en el caso de la analepsis) o que sucederá en el futuro (en el caso de la prolepsis).

La analepsis, por lo general, es un recurso que ralentiza mucho el ritmo de la narración. En lugar de avanzar en el asunto que estamos narrando, el autor nos pone en antecedentes de algún hecho pasado. Puede resultar muy práctico para algunas ocasiones, pero no abuses de ella. Cuanto más conozcas a tus personajes por sus acciones actuales, menos la necesitarás y tu ritmo será más ágil.

La prolepsis, por su parte, es un recurso muy difícil de utilizar bien. Se basa en adelantar acontecimientos futuros en nuestra narración, y esto por lo general hace que perdamos el interés (¿no te ha pasado nunca que alguien te haya arruinado una película al contarte el final?). Sin embargo, si la prolepsis se usa con maestría puede contribuir a aumentar la tensión. Gabriel García Márquez era un maestro de la prolepsis. Con ella comenzó varias de sus novelas, aunque quizás su prolepsis más famosa es la que abre Crónica de una muerte anunciada:

El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.

Tras esta demoledora frase en que nos anuncia el final de la novela, el autor nos describe con todo detalle el último día del protagonista y su encuentro con cada una de las personas de la ciudad, pero lejos de parecernos lento eso aumenta nuestra angustia, porque siempre estamos anticipando el final que se nos anunció en la primera frase.

Aporta tensión a tu argumento

En tu novela tienen que suceder cosas, han de aparecer conflictos y los personajes deben enfrentarse a retos. Ten en cuenta que nadie quiere leer un libro de trescientas páginas en que simplemente todo va bien.

Lee en voz alta

Cuando hayas terminado de escribir un capítulo, vuelve a leerlo una o dos veces, pero en voz alta. Este es un recurso que yo suelo recomendar mucho. Si lees tu propio texto como si fueras un cuentacuentos profesional, te darás cuenta de dónde falta una pausa, dónde sobra una descripción, qué palabras restan fluidez a tu prosa (adjetivos innecesarios, frases hechas, aclaraciones que aportan poco al lector, redundancias).

Al leer en voz alta, te darás cuenta también de que las oraciones demasiado largas tienden a hacer el ritmo más lento, así que acorta las que puedas o divídelas en varias más pequeñas.

Finalmente, al leer como un cuentacuentos podrás darte cuenta de si realmente funcionan tus escenas de acción o si debes revisarlas. ¡Como puedes ver, leer en voz alta es un recurso muy práctico para corregir tus propios textos! Hazlo varias veces.

Tal vez puedas optar por un ritmo más lento

Llevo todo el artículo enseñándote pequeños trucos para hacer que el ritmo de tu novela sea más ágil. Sin embargo, tal vez esa no sea la mejor solución para ti, tal vez tu novela requiera de un ritmo en general más lento. Hay géneros que se caracterizan por una mayor lentitud: la novela histórica y la romántica. Eso no significa, por supuesto, que no debas trabajar bien algunos pasajes de ritmo ágil, pero en estos géneros abunda más la descripción y la analepsis.

Eso sí, ten en cuenta que al dirigir tu novela con un ritmo lento le estás quitando algo al lector y debes ofrecerle algo a cambio: tus ambientaciones deben ser más complejas, tus personajes más redondos, tu estilo más pulido.

Espero que todos estos consejos te hayan resultado útiles. No olvides prestar atención a estos recursos cuando leas a otros autores, ¿manejan bien el ritmo? Aprende todo lo que puedas al leer a otros.

Cómo ambientar tu novela en el tiempo y el espacio

La ambientación de una novela es casi tan importante como un argumento interesante y unos personajes peculiares. Si la localización espacial que rodea a una historia no es convincente, o si hay anacronías en la ambientación temporal, toda la historia perderá fuerza. ¿Sabes cómo ambientar tu novela correctamente?

Cómo ambientar tu novela

Todas las historias tienen un espacio y un tiempo

Pues sí, eso es lo primero que debes tener en cuenta. Todas las historias tienen un espacio y un tiempo, aunque se trate de tu propia ciudad y de la época actual. Por supuesto, esta ambientación te facilitaría las cosas, ahorrándote mucho tiempo de investigación. Sin embargo, también tiene sus desventajas: es difícil ser imparcial con lo que conoces demasiado bien, y puedes dar cosas por hechas en tus descripciones. Además, te resultará más difícil librarte de la etiqueta de «historia autobiográfica». Aunque la mayoría de estos consejos están enfocados en ambientaciones diferentes, algunos de ellos también te servirán si eliges el lugar y la época que mejor conoces.

Investiga

El primer consejo y más importante es este: investiga. Tanto si eliges una época histórica diferente a la tuya o una ciudad exótica como si escribes sobre algo que te es más cercano, tú debes conocerlo todo sobre el espacio y el tiempo elegidos para poder conseguir una ambientación verosímil.

Tú debes saberlo todo, absolutamente todo: qué marca de tabaco fumaban los jóvenes en aquella época, qué música se escuchaba o cómo era una típica taberna; si el lugar es lo que varía tienes que documentarte al detalle, conocerlo como si tú fueses un habitante de aquel lugar.

Si la historia se desarrolla en la actualidad, puedes recurrir a la función Street View de Google Maps para ayudarte con tus localizaciones; si es en el pasado deberás hacerte con mapas y crónicas. ¡No te conformes con unas pocas indicaciones de la Wikipedia!

Si no puedes documentarte al detalle, cambia de idea

Si tus conocimientos sobre la época en que tienen lugar los hechos o sobre el lugar donde se desarrollan son limitados, mejor olvídalo. Esa carencia se va a notar en tu texto, aunque no lo creas. Muchísimos relatos con un buen argumento y unos personajes interesantes pierden fuerza exactamente por este punto.

Ten en cuenta el clima y la vegetación

El clima y la vegetación son una parte muy importante de la ambientación. ¿Ve árboles el protagonista al salir a la calle? ¿De qué tipo? ¿Cómo son sus copas? ¿A qué huelen? ¿Hacía frío, lloviznaba, nevaba? Esto es especialmente importante si ambientas tu novela en otra época histórica. No olvides comprobar si hubo una terrible sequía aquel año o tal vez lluvias e inundaciones. Te sorprendería saber cuánta gente comprueba si este tipo de datos son ciertos.

Si creas, sé exhaustivo

Después de lo explicado arriba, tal vez pienses que merece más la pena situar tu obra en una ciudad imaginaria o en un tiempo indeterminado. Es una opción, por supuesto, aunque no creas que debes ser menos exhaustivo. Tú debes saberlo todo sobre el espacio y el tiempo en que se desarrolla tu historia. Da igual si tienes que buscar esa información entre libros o si la creas tú desde cero: el caso es que tiene que ser información en tu poder.

No es una clase de historia ni una guía de viajes

Algunos escritores noveles se documentan a conciencia, pero luego cometen el error de volcar todo lo que saben en el texto.

La novela ha de ser como la punta de un iceberg: mostrar solo una pequeña parte de lo que sabes. Clic para tuitear

Ten cuidado con convertir tu novela en una clase de historia o en una guía de viajes. No olvides que lo que importa es lo que estás narrando, y la ambientación es un complemento, como la guarnición de un buen plato, que si falla puede arruinarlo pero no debe restarle protagonismo a lo más importante.

No seas prolijo en tus descripciones

La norma general sería esta: no te extiendas demasiado a la hora de describir. Elige algunos elementos que te parezcan llamativos y no cuentes el resto. Si describes algo con todo detalle, ha de ser por una razón, debe ser importante para la historia.

Por supuesto, evita la monotonía. Hace poco me tocó corregir una novela cuyo autor aplicaba la técnica del barrido: cada vez que el personaje llegaba a una ubicación nueva, el narrador describía el lugar con todo detalle de izquierda a derecha. Resultaba aburridísimo.

El salto temporal es un gran recurso

No tienes por qué contar cómo se dirige el protagonista desde su casa hasta el trabajo. Si ha quedado con alguien, no tienes por qué mostrar cómo se desplaza hasta el lugar de la cita, ni siquiera cómo se saludan o qué piden en el bar. Sitúalos ya sentados a la mesa y ahórrate aburridas descripciones que no llevan a nada. Tu ambientación, en este caso, se reducirá a pequeñas pinceladas sobre el entorno dosificadas a lo largo del diálogo, algo mucho más llevadero y equilibrado que una larga descripción seguida de una conversación acompañada solo de acotaciones tipo «dijo» y «respondió».

Utiliza los sentidos

Un error muy frecuente es limitar las descripciones a lo visual. Hay que describir lo que se ve, por supuesto, pero no olvides los demás sentidos. ¿A qué huele? ¿Hay mucho ruido? ¿Hace frío? ¿Qué siente el personaje al tocar aquel sillón? ¿Cómo sabe el desayuno? Son detalles importantes que te ayudarán a enmarcar los hechos con un contexto realmente auténtico.

¡Oh, qué casualidad!

Dejo para el final una crítica a una técnica que personalmente me pone de los nervios. No falla: si la novela está ambientada en la España del Barroco, más tarde o más temprano acaban saliendo, aunque sea de pasada, Lope de Vega, Velázquez o Quevedo. ¡Me da una rabia! Que no digo yo que no sea posible, pero ya es mucha casualidad.

Hay novelas en que el encuentro casual se produce justo al principio. ¡Aún más casualidad! El protagonista llega a Madrid, entra en una taberna y ¡zas!, se encuentra con Quevedo. Para que lo veas con perspectiva, es como si te digo que la semana pasada viajé a Nueva York y en el primer restaurante al que entré coincidí con Robert de Niro. Puede pasar, por supuesto, pero ya es casualidad. Sin embargo, no es menos llamativo si el encuentro se produce al final. Me fui a Nueva York cuatro días y el último me tropecé en la calle con Robert de Niro. ¿Te has parado a pensar cuánta gente viaja a diario a Nueva York y no llega nunca a conocer a este actorazo?

Antes de introducir uno de estos encuentros casuales en tu novela, piénsalo bien. Justifícalo. ¿Tiene sentido? No lo metas solo porque sí.

Y ahora, ¡a escribir!

Después de todos estos consejos, te queda llevarlos a la práctica. ¿Qué tal si escribes un pequeño relato ambientado en otra época o en otro lugar? La única manera de aprender estas técnicas es aplicarlas una y otra vez, hasta que nos salgan con soltura. ¡Mucha suerte!