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Cómo sacar provecho de un libro que gusta a todos menos a ti

Por fin tienes ese libro en las manos. Has leído sobre él, lo han comentado en las redes sociales y en tus blogs de referencia, le ha encantado a una de tus mejores amigas. Empiezas a leer con voracidad, con ansia… y en algún momento indeterminado te das cuenta de que no lo soportas más. Me da igual si estamos hablando de un libro para tu emprendimiento o de una novela, ¿no te sientes rara al ser la única persona que parece que no le ve la gracia? ¿No te fastidia la sensación de haber perdido el tiempo?

Sacar provecho de un ibro que gusta a todos menos a ti

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La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer

La sociedad literaria del pastel de piel de patata de GuernseyTengo que admitir que hace mucho que escuché hablar por primera vez de este libro, pero me estaba haciendo la remolona y no me animaba a leerlo. ¿Los motivos? Por un lado, que en general suelo ser prudente con los bestsellers y espero un tiempo antes de decidir si me apetece leerlos. Por otro, siempre he pensado que La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey era un título exageradamente largo, difícil de recordar y muy malo. Pero amigas y conocidas insistían en recomendarlo, y además uno de los temas que trata el libro es el poder de la lectura… Total, que cuando, a falta de otras lecturas, lo tuvieron en la biblioteca municipal lo saqué para leerlo. Aquí va la reseña:

Mi valoración:

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Un debut en la vida, de Anita Brookner

Un debut en la vidaHace unos días terminé Un debut en la vida, la que fue la primera novela que publicó, a los 53 años, Anita Brookner (Londres, 1928-2016), una historiadora del arte que publicaría después de este 24 libros más. Hace tiempo que tenía ganas de leer algo de ella, y cuando vi en la biblioteca su, nunca mejor dicho, debut literario, no dudé en sacarlo. Aquí va mi reseña.

Mi valoración: 

De qué trata

La novela recorre la infancia y primera juventud de Ruth Weiss, que a los cuarenta años «comprendió que la literatura le había destrozado la vida». Esta primera frase lapidaria parece que nos está augurando que nos encontramos ante la clásica heroína romántica, pero esta expectativa, como la misma Ruth Weiss, se verá decepcionada. La novela habla de eso, de la decepción. Ruth Weiss, que investigaba para una tesis sobre el vicio y la virtud en Balzac, tenía un férreo e idealizado sistema de valores. Sin embargo, la vida real nunca es tan sencilla, y no premia las conductas ejemplares ni castiga a los que se salen del redil.

Qué me ha parecido

Se trata de una historia acerca del fracaso, del conformismo y la decepción, pero, lo que es más importante, escrita en clave de HUMOR. No hay autocompasión ni lamentos en la novela de Brookner, pero sí mucha ironía. Casi cada frase de la novela merece ser subrayada, está cargada de citas con un humor agudísimo.

Los personajes secundarios refuerzan esa sensación de futilidad. Su madre, una actriz de teatro venida a menos pero con delirios de grandeza, que tanto recuerda a Norma Desmond. Su padre, un librero de viejo que se ve a escondidas con otra mujer pero se consuela pensando que técnicamente no ha sido infiel. La asistenta, que no limpia, pero paradójicamente es la que mantiene a flote un hogar decrépito.

Es una buena novela, he disfrutado bastante con su lectura.

El despertar de la señorita Prim

He decidido que de vez en cuando voy a dejaros por aquí una breve reseña de alguno de los libros que leo, por si os resultan útiles. Voy a empezar con este libro que terminé hace unos días: El despertar de la señorita Prim, por Natalia Sanmartín Fenollera.

Mi valoración: ⭐⭐⭐⭐

 

De qué trata

La trama es muy sencilla: Prudencia Prim llega a San Ireneo de Arlois, un pueblecito encantador cuyos habitantes parecen salidos de una película de Capra, pues todos han decidido por un motivo u otro abandonar conscientemente el mundanal ruido y aislarse en ese pequeño paraíso perdido. Lo que ha traído a la señorita Prim a San Ireneo ha sido un anuncio bastante intrigante: «Se busca espíritu femenino en absoluto subyugado por el mundo. Capaz de ejercer de bibliotecaria para un caballero y sus libros. Con facilidad para convivir con perros y niños. Mejor sin experiencia laboral. Abstenerse tituladas superiores y posgraduadas». Y a pesar de ser una mujer hipertitulada, Prudencia Prim se ha dejado seducir por dicha oferta de trabajo. Poco a poco, la bibliotecaria ira sintiendo cada vez mayor fascinación hacia la anárquica vida de San Ireneo.

Qué me ha parecido

Se trata de una novelita breve y sencilla, quizá un poco previsible en su desarrollo, pero en realidad aquí más que la historia lo que importa es la belleza, esa belleza que fascina a Prudencia Prim. Un pueblo en el que parece haberse detenido el tiempo, y un elenco de personajes absolutamente excéntricos pero cada uno a su modo, formando un collage humano de lo más variopinto. En su aparente sencillez se esconden reflexiones muy profundas, un estudio detalladísimo de los personajes principales y un léxico que sorprende por su extraordinaria riqueza. Una historia sobre delicadeza, amabilidad, orgullo y prejuicios, y la búsqueda del conocimiento y la belleza.

Me ha gustado bastante. Recomendado para amantes del cine de Frank Capra. Ideal para leer en días grises.

Lecturas prohibidas

Me encanta hablar con lectores. De lo que están leyendo ahora, de lo que leyeron en el pasado, de lo que les gustaría leer algún día pero nunca hallan el momento, del tipo de autores que les gustaría descubrir, de las emociones que les despertó cierto libro concreto. Y uno de mis temas de conversación favoritos son aquellos libros que fueron mis lecturas prohibidas.

Lecturas prohibidas

Hubo un tiempo en que yo envidiaba a aquellos (pocos) ratones de biblioteca que, a diferencia de mí, no habían experimentado la prohibición de la lectura. Puede parecer que estoy exagerando, y en cierto modo así es, pero creo que hay muchas formas y muy sutiles de prohibir. ¿Quién no recuerda aquellos horrendos padres de Matilda, de Roald Dahl, que despreciaban la forma de pensar de la niña y su afición por la lectura? No eran más que una exageración de algo con base real. Yo, en ocasiones, sabiendo que era una hipérbole, me sentí identificada con Matilda, tengo que admitirlo.

¿Quién no ha leído bajo las sábanas con una linterna en mano? ¿No era deliciosa esa lectura prohibida? Aunque fuese por el bienintencionado «Es hora de dormir, que mañana madrugas», no te permitían leer y tú transgrediste ese límite. En mi caso, era solo el principio. Mi afición por la lectura era tildada de desproporcionada y eran muchos los intentos de limitarla. Y también era agudo mi ingenio para  zafarme de esa estricta vigilancia y salirme con la mía. Alguna vez, por ejemplo, me puse el bañador y preparé la bolsa de la playa… para irme a la biblioteca del pueblo a seguir leyendo tranquila, lejos de las quejas de quien consideraba que debía darme el sol. 😀

El caso es que nunca he disfrutado tanto la lectura como en aquella época, y es posible que la sensación de transgresión contribuyese a ese sentimiento. ¿Qué opináis? ¿Os ha pasado lo mismo alguna vez?

«Hay niños que leen bajo las sábanas, con la linterna en la mano, en contra del mundo entero. Hay una dimensión de transgresión en la lectura. Si hay tantos lectores que lean por la noche, si leer es con frecuencia un acto de oscuridad, no es solamente porque hay en ello un sentimiento de culpa: de esta manera se crea un espacio para la intimidad, un jardín protegido de las miradas. Se lee sobre los márgenes, las riberas de la vida, en los linderos del mundo. Tal vez no hay que desear que se haga la luz en ese jardín. Dejemos a la lectura, como el amor, conservar su parte de oscuridad» (Michele Petit, antropóloga).

Los derechos del lector

Los fanáticos de la lectura, y me cuento entre ellos, estamos acostumbrados a respetar e idolatrar al libro como una especie de objeto sagrado.

Te voy a poner un ejemplo, que para mí es muy revelador. Fíjate que en los últimos años he hecho varias mudanzas, demasiadas (empiezo a estar demasiado cansada de tanto cambiar de casa). Eso me ha servido para volverme más pragmática y restarle valor sentimental a muchísimos objetos: me he desprendido de decenas de bolsas de ropa y de un montón de cachivaches que no utilizaba y solo guardaba por si acaso. Sin embargo, pese habérmelo propuesto, solo conseguí descartar tres cajas de libros en la penúltima mudanza, que doné a la biblioteca municipal. Y me vine a mi piso actual cargada con cuarenta y ocho cajas de libros, la mayoría de los cuales hace años que no leo, pero que significan un mundo para mí y considero parte de lo que soy.

Hasta tal punto idolatramos a veces los libros, que en 1992 Daniel Pennac esbozó en su obra Como una novela una decena de «derechos del lector» para defendernos del radicalismo de los ultrarradicales de lo que, al fin y al cabo, es un objeto que debería provocarnos placer, y no sufrimiento. He preparado una infografía que los reúne: (más…)

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