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Cómo enviar tu manuscrito a una editorial

Después de pasar mucho tiempo trabajando en tu novela, ya está terminada. De hecho, incluso has seguido mis consejos y la has dejado reposar, has pedido opiniones e incluso la ha corregido un profesional. El siguiente reto lo tienes claro: quieres conseguir que una editorial apueste por tu obra. Sabes muy bien que no es camino fácil, pero quieres intentarlo y no sabes cómo jugar bien tus cartas. Si quieres ganar puntos con un posible editor, te interesa este artículo.

Cómo enviar tu manuscrito a una editorial

Registra tu novela

No me cansaré de decirlo: registra tu novela. ¡Es lo primero que deberías hacer antes de empezar a difundirla! Se trata de una mera precaución, dado que la mayoría de los profesionales del libro somos respetuosos con la obra ajena, pero nunca se sabe. No voy a hablarte de los sonados escándalos en torno a denuncias por plagio, ni siquiera de los casos en que no hay denuncia porque el escritor siente que no va a servir de nada, ni de las veces que la novela de un principiante acaba publicada con el nombre y cuatro retoques de un escritor consagrado, con la promesa de apadrinar su carrera literaria. Incluso olvidando estas posibilidades, el hecho de que tu novela esté ya registrada favorece a tu imagen: da la impresión de que conoces tus derechos, de que te tomas en serio tu trabajo y de que, aunque no hayas publicado aún, no eres ningún novato.

Elabora una buena sinopsis

¿Te haces una idea de cuántos manuscritos recibe a diario un editor? Son demasiados. Si de verdad crees que el editor está sentado en su mesa esperando a que llegue tu manuscrito para leerlo de principio a fin, eres un ingenuo.

Hazle al editor las cosas fáciles y proporciónale una buena sinopsis de tu obra. ¡Ojo! Que una sinopsis es un texto muy breve pero muy difícil, deberías dedicarle bastantes horas de trabajo, a ser posible repartidas en varias jornadas.

Lo primero que tienes que tener en cuenta es que esta sinopsis se parece a la que puedes hallar en la contracubierta de un libro, pero no es exactamente igual. En aquella el destinatario es el lector potencial de un libro; en esta te diriges a un editor para que invierta en la publicación de tu obra.

Con la sinopsis debes convencer al editor de que tu libro es una buena inversión. Clic para tuitear

Próximamente publicaré un artículo con trucos para elaborar una buena sinopsis, pero te adelanto algunos consejos. No escribas más de 300 palabras, repartidas en dos o tres párrafos. En el primero o los dos primeros, debes presentar la trama de la obra: quién es el protagonista (y qué tiene de especial) y cuál es el principal conflicto al que tiene que enfrentarse en la obra. Utiliza palabras atractivas y presenta los hechos de forma sugerente, planteando incógnitas sobre el desarrollo de la trama. Se trata de crear curiosidad sobre el argumento. En el último párrafo, aclara a qué género o tipo de novela pertenece tu obra y qué la hace diferente a otras de su clase (por qué debe el editor elegir tu novela  no otra).

Investiga las editoriales

Me lo dicen muchos autores que deciden autopublicar: «Escribí a un montón de editoriales, pero es imposible publicar en España si no eres Pérez Reverte». Yo les hago ver que no han hecho bien su trabajo: no se trata de escribir a todas las editoriales, sino de escribir a las adecuadas y de la forma correcta. 

Repasa las editoriales de ese listado tan extenso que te has hecho. ¿Cuántas de ellas han publicado en los últimos tres años novelas del mismo género que la tuya? Es lógico pensar que si esa editorial no tiene una colección dedicada a la ciencia ficción, no van a crearla por ti. Descarta, por tanto, todas las que no publiquen libros como el tuyo.

Sigue analizando las que quedan. Algunas indicarán en su web que no admiten manuscritos no solicitados: descartadas. Llama por teléfono a las demás. En una breve llamada puedes averiguar datos muy interesantes:

  • Si en este momento admiten manuscritos.
  • Si les gusta recibirlos en algún formato en particular.
  • El nombre de la persona a cargo de ese departamento.

No te imaginas la buena impresión que causa una obra que llega en el formato correcto y dirigida a la persona adecuada.

Escribe una carta personalizada

Dirígete a la persona que te han indicado en una breve carta que invite a mirar el resto de documentos: preséntate y haz referencia a tu currículum, presenta tu obra, indica que crees que encaja en su catálogo editorial y señala la sinopsis y el texto que les envías. Y agradece el tiempo que te dedican antes de despedirte.

Adjunta tu currículum literario

¿Todavía no tienes el tuyo? En esta entrada te ayudo a crearte el mejor currículum literario.

Envía solo un capítulo

Salvo que te indiquen lo contrario al contactar con la editorial, yo te aconsejo que envíes únicamente el primer capítulo, señalando que estarás encantado de enviar el resto cuando quieran. Una novela es muy extensa y voluminosa en papel, o un archivo grande (o peor, un archivo por capítulo). Si ofreces un texto breve, es más probable que lo lean y, con suerte, les interesará.

Por supuesto, espero que no sea necesario convencerte de que es importantísimo que ese capítulo esté muy bien revisado, que invite a seguir leyendo y sea, a ser posible, de lo mejorcito de tu novela.

¿En papel o por email?

Aquí nos enfrentamos a la eterna duda. Por suerte, has llamado a las editoriales y sabes si tienen alguna preferencia al respecto. Si les da igual el formato, depende de ti.

Algunos argumentan que el papel invita más a leer que un archivo. En mi experiencia, no tiene por qué ser así: un envío de un escritor postulante suele ser voluminoso (ya lo hemos dicho: carta de presentación, currículum, sinopsis y primer capítulo), y lo normal es que esas cartas no se abran inmediatamente, sino que se acumulen en un rincón del despacho…

Mi preferencia personal (y es la mía, que conste) es que no veo con buenos ojos aquello que constituye un obstáculo físico, que desordena mi despacho. Por eso suelo decantarme por el correo electrónico (que, además, es más ecológico). Si tu carta es lo bastante buena, te aseguro que lo abrirán.

¿Y si no me responden?

No te extrañes: muchas editoriales tardan uno o dos meses en ponerse al día con los manuscritos que van llegando. Si al cabo de ese tiempo no te han respondido, haz una llamada breve y educada: preséntate de nuevo, indica la fecha en que les escribiste y pregunta si recibieron tu original y si han podido echarle un vistazo. Algunas veces te dirán que no han podido verlo, pero con tu llamada lo colocarán el primero en la pila. Otras te informarán de que lo han descartado: aprovecha para pedir con humildad que te expliquen los motivos y que te den algún consejo para mejorar.

¿Me publicarán la novela?

Ningún método garantiza que vayan a publicarte la novela, pero dirigiéndote a las editoriales por este sistema conseguirás que le presten una atención especial a tu obra. No te desanimes por las negativas: los escritores más premiados recibieron cientos de rechazos antes de publicar sus obras maestras. Aprovecha para aprender de tus errores y, sobre todo, no dejes de intentarlo.

Escribe diálogos como un profesional

A la hora de escribir correctamente, algunos de los pasajes que suelen plantear más dudas a los escritores son aquellos en que se transcriben las palabras de los personajes. ¿Cómo hacerlo sin errores? Si quieres conocer todos los secretos para dar voz a tus personajes sin cometer faltas de ortografía, tienes que leer esta entrada.

Diálogos

Construir una novela o un relato de modo que los personajes cobren auténtica vida, sean peculiares y diferenciables, es una tarea compleja. Pronto hablaré en la escuela de escritura sobre las técnicas para caracterizar a los personajes, así que no me detendré hoy en ello, porque hoy me ocupa un caso mucho más práctico. ¿Cómo podemos transcribir los discursos de nuestros personajes de forma ortográficamente correcta? ¿Cuáles son las normas para hacerlo?

El discurso indirecto

Para transmitir la voz de nuestros personajes, no es necesario que hablen ellos directamente. En ocasiones, es el narrador el que nos refiere sus palabras, y no tiene por qué hacerlo de forma exacta, ya que estas intervenciones están pasando por el filtro del narrador.

Camino de la estación, Eloísa tropezó con una señora cargada de paquetes y estos se desparramaron sin control por el suelo. La anciana profirió varias blasfemias y le preguntó que qué diablos le pasaba, si es que no miraba por dónde iba. Eloísa se disculpó con un hilo de voz mientras ayudaba a recoger el estropicio.

Observa que en el texto anterior no siempre sabemos las palabras exactas de los personajes, aunque podemos reproducir perfectamente la escena. Hay partes del diálogo que están omitidas (ignoramos qué blasfemias en concreto soltó la pobre señora ni qué palabras empleó Eloísa para disculparse), porque son elementos poco importantes para el relato de los hechos.

Las partes del diálogo que sí están presentes lo hacen subordinándose a un verbo de dicción. Al referir de este modo el discurso, los verbos pasan del presente de la escena al pasado del relato del narrador. Así, de las palabras de la anciana («¿Qué diablos te pasa, niña? ¿Es que no miras por dónde vas?») obtenemos el texto referido arriba.

Discurso directo dentro del párrafo

Si el narrador tiene especial interés en reproducir las palabras textuales de un personaje en parte de su discurso, puede hacerlo usando las comillas. Esto también se aplica si un personaje nos transmite las palabras textuales de otro.

La joven le explicó que aquella mañana no sabía lo que hacía, que apenas había dormido y que estaba paseando en un intento de despejarse que había sido en vano, «porque ya puede ver usted de lo que me ha servido».

La raya en el diálogo

Sin duda, la forma más habitual de transmitir las palabras de los personajes es reproducir sus diálogos de forma textual. Para ello, se emplea la raya, un signo ortográfico de mayor longitud que el guion (y que no debemos confundir con este).

El empleo de la raya en los diálogos implica una serie de normas. Voy a enumerar las más importantes, pero te advierto que es complicado a no ser que lo veas en un ejemplo. Por eso, después de las normas te reproduzco un breve diálogo en que podrás ver todas las opciones de forma práctica.

  • En ocasiones, el narrador realizará un inciso para aportar alguna información. El comienzo de esa intervención se marca con una nueva raya y, si tras ella el mismo personaje continúa hablando, ha de cerrarse mediante otra raya (en caso contrario, no se cierra). Estos signos van separados por un espacio del resto del parlamento y pegados a las palabras del inciso. Si a la raya de cierre le sigue un signo de puntuación, no se deja espacio entre ellos.
  • Si el comentario del narrador lleva un verbo de habla, se inicia con letra minúscula. En este caso, si la intervención del personaje continúa tras la acotación, el signo correspondiente (coma, punto y coma, punto o dos puntos) se sitúa tras la raya de cierre. Si justo antes del inciso corresponde un signo de cierre (de interrogación o de exclamación), este sí se coloca en el lugar correspondiente, y tras la raya de cierre de la acotación se añade un punto.
  • Si la acotación no lleva un verbo de habla, la primera parte del parlamento se cierra con un punto, y el inciso comienza con mayúscula. Si el personaje continúa hablando después, se escribe un punto tras la raya de cierre.

Puedes comprobar cómo se hace en el siguiente ejemplo:

—Bueno, ¿vas a contarme de una vez qué te pasa? —preguntó Irene con impaciencia—. Se trata de tu marido, ¿verdad?

—Perdona. Es complicado —respondió—, todo esto me ha pillado por sorpresa y me resulta difícil de explicar. Me ha dicho que ya no me quiere, así, sin más.

—¡Que no te quiere!

—Y que se marcha de viaje a primeros de julio. Que quiere ver mundo, dice.

—Entiendo. —Acarició la mano de su hermana en un intento de confortarla o de demostrarle su apoyo—. ¿Y tú qué piensas hacer?

—No sé qué puedo hacer. No entiendo nada. Han sido doce años juntos, doce largos años, para que de un día para otro me venga con un «ahí te quedas» y yo tenga que darle la vuelta a mi vida.

Y ahora, ¡ponte a escribir!

Espero que tras leer este artículo tengas un poco más claro cómo debes puntuar correctamente los diálogos y dar voz de forma coherente a tus personajes. Ahora… ¡Practica, practica y practica!

 

Todo lo que debes saber sobre la corrección de estilo

El corrector profesional es un experto en nuestra lengua que dedica su vida a mejorar textos. Hace poco hablé en el blog sobre la corrección ortotipográfica y expliqué con detalle de qué se ocupa. Hoy le toca el turno a la corrección de estilo.

Todo lo que debes saber sobre la corrección de estilo

La corrección de estilo consiste en una depuración del texto, liberándolo de ciertos elementos que entorpecen su funcionalidad, verificando entre otros elementos la adecuación del léxico escogido, la corrección gramatical y la coherencia y cohesión del discurso, todo ello intentando no modificar las peculiaridades de estilo del autor del texto.

Muchos escritores se sienten recelosos al solicitar una corrección de estilo porque piensan que se va a alterar tanto su texto que no podrá reconocerlo como propio. Por lo general no tiene de qué preocuparse: cuando solicita esta corrección a un profesional, tiene la garantía de que el corrector va a hacer las mínimas modificaciones posibles. En el caso de que este observe que el texto necesita muchas modificaciones, normalmente suele sugerir al autor que haga una última revisión del mismo. Además, no tienes por qué aceptar todos los cambios, siempre mantendrás el control sobre tu texto.

Si quieres conocer algunos ejemplos del tipo de errores en que trabaja un corrector de estilo en los distintos niveles de nuestra lengua, sigue leyendo:

Errores fónicos

Se trata de defectos que perjudican al texto por cómo suenan al leerlos en voz alta. Distraen al lector de su significado o provocan sonidos desagradables.

Cacofonías

Efecto sonoro desagradable que se produce accidentalmente por la repetición de ciertos sonidos en dos o más palabras cercanas:

* un no se qué que quería expresar y no podía

Rimas internas

Repetición de un sonido a cierta distancia, de modo que parece que se nos hubiera «colado» un par de versos dentro de nuestro texto en prosa.

* escuchó la canción con mucha atención

Errores léxicosemánticos

A veces el problema está en la elección de las palabras que utilizamos:

Repetición de términos

Es muy frecuente que en los textos se abuse de los mismos términos si se ha de hacer mención a un mismo concepto varias veces. El corrector se ocupa de evitar esta monotonía proponiendo sinónimos adecuados en cada uno de los casos.

Imprecisiones léxicas

Es el empleo incorrecto de una palabra, por no conocer su significado exacto o la forma en que se debe utilizar.

* Sus amigos lo tildaban de persona generosa y abnegada.

En el ejemplo, se utiliza el verbo «tildar», que significa, según el DRAE, «señalar a alguien con alguna nota denigrativa». Por lo tanto, no es correcto emplear este vocablo para atribuir a una persona una cualidad positiva.

Redundancias y pleonasmos

Se trata de una repetición de significados a través de varios elementos léxicos. A veces puede ser intencionada, y se usa habitualmente en el habla coloquial y en la literaria, en una figura retórica llamada pleonasmo. Por lo tanto, el corrector de estilo deberá dilucidar si la redundancia aporta o no algo al significado global del texto.

Anfibologías

Empleo de frases que pueden tener más de una interpretación.

* Ahí estaba tirado el perro de mi hermano.

Barbarismos

Según el DRAE, el barbarismo «es una incorrección que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios». Por ejemplo, algunas personas emplean incorrectamente la locución «grosso modo» anteponiendo la preposición «a».

Otros errores léxicos

Otros errores habituales son los extranjerismos (empleo innecesario de palabras en un idioma extranjero, cuando existe una expresión equivalente en castellano), coloquialismos (utilización de expresiones propias del habla coloquial cuando no corresponde) y el uso de muletillas o palabras vacías.

Errores gramaticales

El corrector de estilo también se ocupa de revisar algunos problemas sintácticos y gramaticales. Aquí tienes algunos ejemplos:

Anacoluto

Es una inconsecuencia en la construcción de la oración, porque la segunda parte no se corresponde con la primera.

* Yo es que en ese estado me cuesta encontrar las palabras.

Anantapódoton

Variante del anacoluto que consiste en omitir uno de los dos elementos correlativos en una expresión.

* Por un lado, no quería molestar a los dueños de la casa y le daba vergüenza admitir su error.

Ambigüedad

En algunas ocasiones, el corrector se topa con construcciones gramaticalmente correctas pero cuyo significado no queda del todo claro. A menudo este problema se soluciona alterando el orden de algunos elementos de la oración.

* En aquel tenderete se vendían libros para niños ilustrados.

Dequeísmo y queísmo

Hace algunos años, por algún motivo, hubo una notable efervescencia del dequeísmo en los medios de comunicación: muchas personas aparecían en televisión haciendo un uso incorrecto de «de que» en casos no admitidos por el régimen verdad.

* Pensábamos de que eso no podía suceder en este país.

Precisamente en el sentido inverso, para intentar evitar ese error, muchos incurrieron en el problema contrario, el queísmo, que consiste en utilizar «que» en lugar de «de que» en casos en que el verbo rige este último tipo de construcciones.

* Telefónica le informa que no tiene mensajes.

Errores pragmáticos

La pragmática es una rama de la lingüística que se ocupa de las relaciones del lenguaje con sus usuarios y las circunstancias que rodean a la comunicación. Aunque un texto sea correcto a otros niveles, es posible que no alcance la eficacia comunicativa por falta de cohesión, mala elección de ciertos vocablos, organización poco eficaz de los párrafos… El corrector también se ocupa de solventar estos problemas.

Y, por supuesto, la corrección ortotipográfica

La corrección de estilo es la más completa, y no solo analiza los errores que he enumerado en esta entrada (y otros tantos similares), sino que también revisa los problemas propios de la corrección ortotipográfica, de la que, gracias a una entrada anterior, ya conocéis todos los secretos.

Todo lo que debes saber sobre la corrección ortotipográfica

Como ya he explicado en otras ocasiones, la profesión del corrector de textos es bastante desconocida, probablemente porque parte de su tarea es que su trabajo pase desapercibido y solo se note la huella del autor en el texto. Y si pocas personas conocen a qué se dedica en general un corrector, muchas menos sabrían explicar las diferencias entre los dos tipos de correcciones que suele realizar. Hoy te explicaré en qué consiste la corrección ortotipográfica, y espero resolver todas tus dudas.

El tipómetro es una herramienta fundamental para la corrección ortotipográfica

Tres correcciones en una

La corrección ortotipográfica abarca, en realidad, tres dimensiones del texto: su ortografía, su gramática y su ortotipografía propiamente dicha. A menudo esto supone varias lecturas diferentes del texto, pues cada uno de estos campos requiere que se preste atención a elementos distintos dentro del mismo.

Revisión ortográfica

La ortografía es una disciplina normativa y exacta. En español, normalmente uno se basa en las normas que dicta la Real Academia Española en la edición más reciente de su ortografía. Y digo «normalmente» porque, para sorpresa de los que nos dedicamos a esto de forma profesional, cada vez son más las editoriales que te indican «nosotros seguimos a la Real Academia pero no su Ortografía de 2010» o «es que aquí esa norma la aplicamos de esta manera».

La revisión ortográfica del texto comprende la correcta escritura de cada palabra, evitando errores ortográficos en general, vigilando la posible omisión o transposición de caracteres y regulando el uso de la tilde y de los signos de puntuación.

Revisión gramatical

La gramática es también una disciplina normativa, que atiende a las reglas de un idioma en su forma de organizar las palabras en oraciones. Normalmente en este aspecto también se siguen las indicaciones de la Real Academia.

La revisión gramatical se ocupa de posibles incoherencias gramaticales, errores de concordancia, eliminar redundancias y asegurarse de que la función de cada elemento de la oración queda clara y es correcta.

Revisión ortotipográfica

La ortotipografía, sin embargo, es una disciplina práctica, que estudia la aplicación concreta de la ortografía en las obras impresas. No existe una ortotipografía normativa con carácter oficial, aunque suele considerarse de referencia todo lo que ha escrito al respecto José Martínez de Sousa, una gran autoridad en la materia. Pero en muchos casos un texto plantea determinados problemas a nivel ortotipográfico que no tienen una única solución posible, y el corrector debe decidir cuál es la que más conviene, atendiendo a los principios en que se fundamenta la ortotipografía: 

  • Legibilidad: el tamaño de los márgenes, la llamada de las notas o las reglas que afectan a las líneas a final de página (viudas, huérfanas…) y a la división de palabras en varios renglones, por poner algunos ejemplos, afecta mucho más de lo que uno pudiera creer a la facilidad y concentración con que un lector lee el texto.
  • Estética: el texto ha de quedar bello, limpio y con apariencia ordenada.
  • Coherencia: no se deben aplicar normas diferentes en un mismo texto, es necesaria la homogeneidad.
  • Proporcionalidad: este principio atiende a las medidas de los distintos elementos, que ha de servir al contenido y ser coherente. Para juzgar la aplicación de este principio el tipómetro es una herramienta imprescindible.
  • Funcionalidad: es decir, que cada una de las normas que se apliquen en el texto sirvan para una función determinada en beneficio del mismo.

La revisión ortotipográfica abarca muchos elementos diferentes: homogeneización de tipografías, jerarquización de títulos, tamaños y variantes de letra (redonda, cursiva, negrita, mayúscula, versalita, superíndice y subíndice…), particiones de las palabras, espacios en blanco, sangrías, márgenes, columnas y corondeles, utilización de símbolos, distintos niveles de comillas, escritura de fórmulas,  disposición y puntuación de las citas, listas, notas  y referencias bibliográficas y un larguísimo etcétera.

Cuándo es necesaria la corrección ortotipográfica

Este tipo de corrección se realiza solo en textos ya terminados y revisados a nivel de estilo. Se sobreentiende que no se van a realizar modificaciones adicionales al texto tras su corrección, ya que en ese caso podrían surgir nuevos errores o problemas ortotipográficos.

Todos los textos que se van a publicar deberían someterse a este tipo de corrección. En primer lugar, porque nadie está completamente a salvo de cometer una falta de ortografía ocasional o un error mecanográfico. Pero, sobre todo, porque la corrección de los textos a nivel ortotipográfico es algo que solo los profesionales son capaces de aplicar con exactitud, y no es trabajo ni del escritor ni del maquetador resolver los posibles problemas que surgen en este campo.

Los autores de best sellers tienen faltas de ortografía

Muchos escritores noveles cometen el error de publicar (a menudo, autopublicar) sus obras sin haber realizado en ellas una corrección profesional. A veces es cuestión de ignorancia (la profesión del corrector de textos es bastante desconocida); otras, de ego. Si nadie les menciona la posibilidad de corregirlo, dan por hecho que su texto no contiene errores; si alguien, por el contrario, sugiere que se recurra a los servicios de un corrector se toma casi como una ofensa. No saben estos autores que también los autores de best sellers tienen faltas de ortografía.

Los autores de best sellers tienen faltas de ortografía

Cada uno tiene su trabajo

El error de base está en considerar que un buen escritor debe hacer un uso impecable del lenguaje, sin faltas de ortografía, errores gramaticales ni deficiencias de estilo. Y aunque estas habilidades no están de más, no es ese su trabajo. La tarea del escritor es narrar historias, idear tramas y personajes y volcarlas al papel sabiendo mantener el interés del lector a través de la intriga y de un ritmo adecuado. Los correctores no crean, sino que revisan en busca de errores de ortografía, gramática, léxico o sentido. Ambos trabajan con el lenguaje y necesitan utilizarlo hábilmente, pero sus destrezas no son las mismas.

El escritor crea historias, el corrector revisa textos. Ninguno puede hacer el trabajo del otro. Clic para tuitear

¿Faltas de ortografía, yo?

El problema, en parte, es que cuando nos hablan de faltas de ortografía volvemos mentalmente al colegio. Nuestro sentido del ridículo se agudiza y pensamos que nos están acusando de escribir burro con uve. No nos damos cuenta de que existen errores infinitamente más sutiles, que a nosotros se nos pasan pero que un profesional detecta enseguida.

Que levante la mano el que nunca haya cometido un error. Yo he cometido muchos, y soy correctora. Y no es falta de profesionalidad, es que simplemente soy humana (y, además, la mecanografía no es lo mío). Por eso reviso siempre cuanto escribo, una o muchas veces. ¿Por qué no haces tú lo mismo?

Los autores de best sellers corrigen sus textos

Pues sí, los autores de best sellers y los autores consagrados (no siempre son los mismos) realizan una corrección profesional en sus textos. Lo que pasa es que no siempre son ellos mismos los que contratan este servicio: casi siempre son los editores los que lo hacen.

Las grandes editoriales tienen sus correctores. Algunas cuentan con uno o varios correctores en plantilla, aunque en las últimas décadas lo más habitual es que se contraten los servicios de un autónomo. Sea como sea, esos libros tan cuidados que ves en las librerías, con una  campaña de marketing tan estudiada, han sido corregidos por un profesional, te lo aseguro.

Las editoriales pequeñas, sin embargo, sufren, como cualquier otra empresa pequeña, las consecuencias de la recesión económica. Por eso a veces prescinden de la corrección en parte de su catálogo de publicaciones y se ven obligadas, para sobrevivir, a ofrecer paquetes de edición baratos, lo que se conoce como «autoedición», que no es sino publicar utilizando la infraestructura de la editorial pero con muy poca inversión en trabajo y en tiempo en el libro en cuestión, pues todo ese esfuerzo se le supone al escritor, que también financia parte o la totalidad de los costes derivados de dicha publicación. El resultado es un libro de poca calidad, porque no se ha trabajado en él con el mimo que se dedica a otras obras y porque, por no asustar más aún al autor con el precio, se obvian fases de la fabricación del libro tan necesarias como son las sucesivas revisiones del mismo.

Elige cómo quieres publicar tu libro

Cuando te digan que necesitas un corrector, no te ofendas: piensa que los escritores consagrados también realizan esa revisión. Quien te esté dando ese consejo esta valorando tu libro, porque te está recomendando cuidarlo como se merece.

Como escritor, si publicas una obra será tu carta de presentación para el futuro. Clic para tuitear

Por eso, piensa si te compensa de verdad saltarte ese paso. Es como si montaras un negocio y en lugar de tu tarjeta de visita entregaras a tus posibles clientes tus datos anotados en una servilleta. Muchos lectores dejarán de leer en cuanto observen que el contenido no se ha cuidado como debería, pero lo más importante: si algún día quieres publicar otra vez, las editoriales a las que escribas echarán un vistazo a tu primera obra antes de tomar una decisión. De ti depende que te consideren un escritor serio o un autor de segunda.

7 razones por las que el corrector de Word no es suficiente

Cuando comencé a trabajar como correctora por primera vez, hace ya más de diez años, descubrí que estaba aprendiendo una profesión fascinante, que me encantaba. Lo que no me imaginaba es que a lo largo de los años iba a enfrentarme a menudo con que se pusiera en duda que esa profesión es necesaria. Y una de las opiniones que escucho con más frecuencia es: «¿Pero lo que tú haces no lo hace ya el corrector de Word?». Pues no, ningún corrector de ningún procesador de textos o aplicación informática puede sustituir al trabajo del corrector profesional. ¿Quieres saber por qué? Te doy siete razones.

el corrector de Word no es suficiente

1. El corrector de Word no revisa las reglas de puntuación

Incluso las personas que mejor escriben, con una excelente ortografía, tienen dudas en el empleo de algunos signos de puntuación. ¿Aquí debo poner una coma, o es preferible el punto y coma? ¿Es correcto poner varios signos de exclamación juntos para expresar una gran sorpresa, o es solo una licencia que nos tomamos en el Whatsapp? ¿Cómo se puntúan correctamente los diálogos? En este campo, el corrector del procesador de textos no puede ayudarnos: como mucho, nos advierte de que hemos puesto un signo de apertura y nos falta el de cierre (e incluso esto no lo hace siempre). Si quieres asegurarte de que el texto está bien puntuado, deberás consultar con un profesional.

2. El procesador de textos domina muy pocas reglas gramaticales

No te dejes engañar: aunque el corrector de Word te ofrezca marcar los errores de gramática con un subrayado ondulado verde, Word sabe muy poco de gramática. Las normas de funcionamiento de nuestro idioma son muchas y muy complejas. El lenguaje humano está dotado de tal flexibilidad que hasta hoy es imposible que una máquina sea capaz de comprender todos los giros y posibilidades de un idioma. Por eso, el corrector del ordenador nos marca como incorrectas oraciones que están bien construidas, e ignora otras que no lo están.

3. Un ordenador no distingue entre palabras homófonas ni homógrafas

El corrector de Word se basa en un diccionario  unas reglas de flexión y combinación. No es capaz de distinguir entre dos palabras que suenan igual, pero se escriben diferente (homófonos), ni tampoco entre dos palabras que se escriben igual o casi igual pero tienen significados diferentes (homógrafos), siempre que la categoría gramatical sea la correcta. Para este programa, no hay ningún problema en la oración «Marta se va a cazar con un vestido blanco», cuando cualquier persona (no solo un corrector profesional) sospecharía que hay algo raro en esa oración y acudiría al contexto para comprobar que lo que va a hacer Marta es contraer matrimonio. Tampoco distingue el ordenador entre «Descanso una hora a media mañana» y «Descansó una hora a media mañana». En un mundo en que los teclados tienen la tecla de la b al lado de la de la v, en el que es tan fácil no apretar con suficiente fuerza la tecla de la tilde, ¿te vas a arriesgas a confundir gravar con grabar, pérdida con perdida?

4. Un ordenador tampoco diferencia entre parónimos

Los parónimos son palabras que suenan parecido y que por lo tanto a menudo son fruto de confusión. Muchas personas emplean algún par de parónimos de forma incorrecta. De hecho, es uno de los elementos con los que más trabajamos los correctores. El corrector de Word es incapaz de considerar el contexto de la oración, y por lo tanto no sabrá si la palabra que querías emplear es apertura (acción de abrir) o abertura (hendidura, grieta); costo (gasto) o coste (precio en dinero); espirar (exhalar) o expirar (morir); fragante (perfumado) o flagrante (evidente); infringir (quebrantar) o infligir (imponer un castigo)…

5. El corrector de Word no te advierte de que estás siendo redundante o insultante

Como una máquina no distingue el contexto, se limita a analizar la corrección del mensaje, pero no considera si este es adecuado. Por eso no te advertirá de que te repites en expresiones como «se asomó al exterior de la ventana», «sube arriba» o «ha insistido reiteradamente». Tampoco es capaz el corrector de Word de advertir si una expresión puede resultar discriminatoria, sexista, peyorativa o políticamente incorrecta (por supuesto, tampoco tiene la habilidad de distinguir si es esa precisamente tu intención o se trata de algo involuntario).

6. El diccionario de Word es limitado

El diccionario en que se basa el corrector no contiene todas las palabras del español, ni todas sus posibilidades en cuanto a flexión, derivación, adición de pronombres enclíticos a los verbos… Tampoco reconoce los nombres propios ni muchos gentilicios.

7. El corrector de Word no piensa

Esta es la razón más importante, y la que esencialmente resume todas las demás: el corrector de Word nunca podrá sustituir el trabajo de un corrector profesional porque no es un ser humano, no piensa, y por lo tanto es incapaz de comprender todos los matices de la lengua, de captar la intención comunicativa que hay detrás de nuestro texto, de distinguir la ironía ni de comprobar la coherencia de un escrito.

En conclusión

No pretendo disuadirte de que utilices el corrector de tu procesador de textos. Es una herramienta muy útil, y yo también agradezco mucho su existencia porque soy malísima tecleando (todos somos humanos, ¿no?) y a veces, con el furor de la inspiración, mis dedos se mueven demasiado rápido.

En mi experiencia, el corrector de Word es una ayuda muy valiosa para hacer una primera limpieza del texto, para eliminar los errores más evidentes. Pero cuando queremos que el texto de verdad quede perfecto, debemos consultar con un profesional. ¿O eres de los que cuando les duele el estómago consultan la Wikipedia?

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