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Si te pido que imagines a una escritora brillante, estoy bastante convencida de pensarás más o menos lo siguiente: una mujer que produce muchísimos textos, que nunca está falta de ideas, que se sienta ante el ordenador y aporrea las teclas sin parar, que tiene siempre la capacidad de encontrar fácilmente la palabra justa y que conecta de maravilla con sus lectores, quienes simplemente se beben sus textos, ¿no es así?

Te voy a contar un secreto: esa idea de la escritura es una mentira enorme, y el motivo por el cual muchas personas cargan con tantísimas frustraciones relacionadas con escribir. Hoy voy a contarte cuál es el secreto de una escritora brillante.

Escritora brillante

El mito

Se nos ha vendido una imagen romántica de la escritura. En el cine y la literatura, se nos presenta una idea falsa de los escritores, que cuando son bendecidos por un momento de inspiración empiezan a escribir frenéticamente hasta que, en la siguiente escena, los vemos con un enorme manuscrito. ¿Es esa tu experiencia con la escritura? Apostaría a que no. La mía tampoco.

Por algún motivo, nos engañan haciéndonos pensar que la escritura se trata simplemente de inspiración + transcripción de ideas. Nos han hecho tragar con la idea de que es necesario un talento sobrenatural, y si no lo tienes más vale que busques otra ocupación. Y eso no es cierto.

El talento ayuda, y mucho, no voy a negarlo. Pero la escritura, como cualquier otra habilidad práctica, es algo que puede aprenderse. Tal vez no llegues a ser un Nobel de Literatura, pero sí tienes la capacidad de emplear la lengua escrita para transcribir tus ideas, tus proyectos, tus conocimientos, y que lleguen de forma eficaz e incluso persuasiva a tus lectores.

La técnica para escribir bien

La técnica para escribir bien sí existe, aunque no te la hayan querido enseñar hasta ahora. La escritura es un proceso que debería realizarse en (básicamente) tres pasos:

Planificación

De los tres pasos, este es probablemente el más importante y el que más a menudo se olvida.

Antes de ponerte a escribir, investiga, reflexiona, organiza tus ideas, selecciona las que quieres utilizar, ordénalas, sopesa si todas ellas son adecuadas y te ayudan a conseguir tu objetivo al escribir ese texto. Una correcta planificación agiliza muchísimo el proceso de escritura y logra que los textos sean más coherentes, más cohesionados y muchísimo más eficaces.

Redacción

Esta tarea es la que la mayoría de la gente confunde con la escritura, cuando es solo una parte.

En esta fase del proceso deberías limitarte a seguir el esquema elaborado en la fase de planificación, desarrollando esas ideas y transcribiendo tus pensamientos al respecto. Nunca insistiré suficiente en que mientras redactas debes apagar tu lado censor. Nada de corregir mientras compones tu texto. Revisar inhibe tu lado creativo, y si intentas conseguir algo perfecto a la primera probablemente tus textos no sean tan brillantes como podrían ser.

Edición o revisión

Una buena revisión mejora el texto sin que se note. Elimina faltas de ortografía, gramaticales, modifica expresiones, cambia cosas de sitio. Aunque alguien más vaya a corregir tus textos antes de publicarlos, es importante que hagas al menos una revisión tú misma. En la primera revisión a menudo hay que realizar cambios importantes, y debes ser tú misma la que tome esas decisiones.

En el caso de proyectos más extensos, por ejemplo un libro, puede suceder que durante esta fase nos demos cuenta de errores de planificación y volvamos a reiniciar el proceso para reescribir una parte o el proyecto completo. Es normal. Cuando Thomas Alva Edison inventó la bombilla, dicen que hizo más de mil intentos hasta conseguirlo. Se dice que, cuando le preguntaron por sus anteriores fracasos, él comentó: «No fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos».

¿Estás perdiendo oportunidades de destacar?

El proceso de escritura

¿Estás distribuyendo adecuadamente tu tiempo para escribir?

En este sistema de trabajo en tres pasos, la importancia de cada fase es aproximadamente la siguiente: la planificación aporta un 50 %, la redacción un 15 % y la revisión un 35 %.

Y, por desgracia, la mayoría no lo sabe. Escriben y escriben invirtiendo sus esfuerzos exclusivamente en ese 15 % central, o como mucho una revisión rápida, y el resultado son textos que no transmiten lo que debieran, que no logran su objetivo, que no captan la atención de sus lectores, que no expresan lo que son sus autoras y lo que tienen que aportar.

¿Y tú? ¿Cómo ha sido tu forma de escribir hasta ahora? ¿Ibas directamente de la idea a la transcripción de pensamientos? ¿Seguías algún sistema? Te animo a probar este formato y convertirte, por fin, en la escritora brillante que siempre pudiste ser.

 

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