Te encantan los libros, y de hecho te encantaría escribir uno (o tal vez incluso ya lo estés terminando). Lo importante es el contenido, por supuesto, tu historia, ese argumento en el que tanto has trabajado. Pero un libro no es solo su contenido, sino que también tiene un formato, una especie de envoltorio que lo convierte en el objeto que todos conocemos. Ya te hablé hace algunos días de los nombres de algunas de las partes del libro si lo miramos por fuera, y hoy le toca su turno al interior. Si te fijas en cualquier libro de tu biblioteca, además del texto en cuestión hay una serie de páginas especiales antes y después del mismo. Todas ellas tienen un nombre que a los profesionales nos sirven para identificarlas y distinguirlas. ¿Quieres saber cuáles son?

Entre las páginas de un libro

El último nexo con la encuadernación: las guardas

Cuando abrimos un libro, si este es de tapa dura, lo primero que observamos son las guardas, que son, en realidad, un objeto intermedio, pues, aunque solo son visibles al abrir el libro, son en realidad el último elemento de la encuadernación: unas hojas, generalmente de papel distinto (en el gramaje y en el color o imagen impresa) al papel que se ha usado en el cuerpo del libro, que se colocan dobladas por la mitad y unen el libro a la tapa. No encontramos guardas más que en la encuadernación en cartoné, aunque existen algunas ediciones en rústica con diseños muy interesantes para simularlas.

Un elemento curioso que podemos encontrar en las guardas son los ex libris, unos sellos o estampas que sirven para marcar la propiedad de un volumen y que, en algunos casos de ejemplares con cierta antigüedad, se van acumulando como una especie de pasaporte del libro, que nos cuenta en qué lugares ha vivido y a qué bibliófilo ha pertenecido.

Páginas en blanco

Tras las guardas, es habitual hallar las hojas de cortesía: una o varias hojas en blanco (el número aumenta en las ediciones de lujo) que se dejan al principio y al final del libro.

Preliminares del libro

A continuación, lo normal es encontrar una página impar impresa (pero sin numerar) que incluye el título de la obra y el autor, y a veces también la colección en que se incluye. Es la anteportada o portadilla, con caracteres menores a los de la portada, que es la siguiente página impar (también sin numerar). En la portada el tipo de letra es mayor y la información más completa: en ella constan el nombre completo del autor o autores, el título completo del libro, la editorial con su correspondiente logotipo y la colección. A veces consta también el año y lugar de impresión. Es curioso que muchas personas confunden la portada con la cubierta, y llaman a esta última con el nombre de un elemento interior del libro.

Libro abiertoDetrás de la portada, en página par (y también sin numerar), está la hoja legal, que incluye los créditos de autoría, traducción, edición, imágenes, diseño, impresión… además de otros datos que conciernen a la edición: número de edición o de reimpresión, año y lugar de la edición. También se encuentran en esta página los elementos legales, como el titular de los derechos de autor, la legitimidad o no de la reproducción total o parcial de la obra, el ISBN y el depósito legal.

La siguiente página impar (y también sin numerar) es el lugar más habitual para la dedicatoria, mención especial por parte del autor a una persona o una institución a la que se dedica la obra.

El contenido también tiene sus partes

En ocasiones encontramos cierto contenido preliminar que precede al cuerpo de la obra. El prefacio, prólogo o introducción es un texto que puede estar elaborado por el autor (que desea presentar su libro antes de entrar en materia), por el editor (constituyendo, así, toda una declaración de intenciones) o por una persona ajena a la obra y a su edición, pero de reconocida solvencia en la materia del libro de una forma general, que lo avala con sus palabras. Los  agradecimientos suelen colocarse con bastante libertad, con frecuencia después del prefacio o al final del mismo, si este está escrito por el autor de la obra. Se trata de menciones especiales a personas o instituciones que han contribuido al proceso de elaboración o publicación.

A todo ello sigue el cuerpo de la obra, que es la parte principal del libro. Puede estar dividido en partes, bloques, capítulos… dependiendo del tipo de texto y su estructura.

El cuerpo de la obra puede estar seguido de un epílogo, parte añadida al final del libro que contiene alguna información añadida.

Elementos adicionales

Tras estos elementos, podemos encontrarnos algunos más, dependiendo del libro. Los apéndices o anexos aportan informaciones o documentos complementarios al cuerpo de la obra y por ello se añaden al final de la misma. Los glosarios son anexos específicos en que se definen y comentan algunos de los términos empleados en el cuerpo del texto. Finalmente, la bibliografía consiste en una enumeración de las obras consultadas por el autor para la elaboración del libro o que pueden ampliar el contenido de este.

Y, para cerrar el contenido del libro…

En España, si la obra es literaria el índice se suele localizar al final (a diferencia de los países de cultura anglosajona). Sin embargo, los manuales, las obras técnicas y las científicas suelen ubicarlo al comienzo. El índice presenta los contenidos de forma ordenada según la estructura lógica del libro, indicando la página exacta donde se ubica cada uno de ellos. Puede ser único o ir acompañado de otros índices adicionales (de materias, de ilustraciones, de personajes…), los cuales sí suelen ubicarse en cualquier caso en las páginas finales del libro.

Por último, algunas obras incluyen un colofón, anotación que constituye la última página impresa, donde se detallan algunos datos de la impresión (fecha, lugar y nombre de la imprenta). En la tradición impresora católica es frecuente introducir una referencia al santoral de ese día, y, a veces, terminar con la locución latina «laus Deo» («gloria a Dios»), por lo que, a menudo, el colofón se denomina alternativamente laus Deo.

¡Y eso es todo!

Para terminar, un último dato curioso. Entre los profesionales de la maquetación se suele llamar, jergalmente, «tripa» a todo el interior de un libro. No obstante, dado que se trata de una expresión de un uso tan específico, no es recomendable emplearla, por ejemplo, en la hoja legal (aunque en alguna ocasión lo hemos encontrado).

¿Sabías que un libro tenía tantas partes? ¿Las conocías todas?