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Dos formas de afrontar la creación de contenido

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«Si no te lo pasas bien, no merece la pena». Ese ha sido y sigue siendo uno de mis mantras en mi negocio. Soy mentora de creadoras de contenido, y muy a menudo me encuentro con personas que afrontan la creación de contenido por obligación, para promocionar su trabajo, y han desconectado de la parte de disfrute. Decidí que mi misión iba a ser reconectarlas con ese disfrute… aunque luego hice un descubrimiento que llevó esta misión más allá.

¡Dale al play y etiquétame en redes contándome qué te ha parecido el episodio!

También puedes escuchar el episodio en Spotify, Apple podcast, Spreaker, Ivoox, Podimo o buscando «Contenidos creativos» en tu plataforma de podcasting favorita.

Transcripción del episodio

Disclaimer: Contenidos creativos se ha creado como podcast y está diseñado para ser escuchado, no para ser leído. Así que te animo a que escuches el audio, que incluye matices de voz, efectos sonoros y énfasis en determinadas frases. Todo esto permite identificar, por ejemplo, una broma, que no debe ser entendida literalmente, lo que no sería posible por escrito. He generado esta transcripción con un software de reconocimiento de voz y puede contener errores. Por favor, comprueba el audio correspondiente antes de citarme en cualquier publicación.

[Las autoridades sanitarias advierten que este podcast puede aumentar seriamente tu creatividad].

Presentación

En este episodio te hablo de formas de crear contenido, de un exnovio de hace mucho tiempo y, perdóname, pero hay un momento en el que a lo mejor me pongo un poco moñas… Pero no por el exnovio, por el contenido. ¡Empezamos!

Esto es Contenidos creativos con Mer Flores, un podcast donde aprender a ser más creativa en tu comunicación online.

Hola, ¿qué tal? Soy Mer Flores, y aquí estoy, una semana más, dispuesta a inspirarte hablando de creatividad y contenidos.

Mi relación con la creación de contenido

Bueno, yo ya te conté en otro episodio de este podcast, en el número 2, cómo en el fondo yo llevo en esto de la creación de contenidos pues desde que tengo uso de razón. Ya de pequeña, mis juegos estaban relacionados con todo esto o al menos con la comunicación y, bueno, pues ya cuando me hice mayor pues me centré un poco más en la comunicación digital. Y es que yo soy de esa generación que creció en analógico pero luego se desarrolló en digital.

A mí de pequeñita lo que más me gustaba era escribir. De hecho, escribía ficción y no ficción, escribía distintos formatos, hacía obras de teatro, redactaba guiones para programas televisivos. También hacía guiones de radio (me gustaba mucho improvisar y hacer programas de radio que tenían partes naturales, improvisadas, y otras partes guionizadas). Disfrutaba mucho con la comunicación, de hecho.

Yo creo que ya se notaba cuál era la pasión que tenía, y de aquello es de lo que te hablaba en el episodio 2.

Lo que yo pensaba… y la realidad

La verdad es que por aquella época yo daba por hecho que a todo el mundo le gustaban ese tipo de cosas. Para mí era obvio que era lo que más divertido me parecía.

Claro, luego me llevé una sorpresa al descubrir que no todo el mundo experimentaba la comunicación, el compartir saber, conocimiento, el compartir aquello que llevas… dentro, de la misma manera. Y es que había personas que no disfrutaban escribiendo, que no disfrutaban comunicando, a quienes no les gustaba la idea de que hubiera cientos, miles de personas al otro lado escuchando aquello que tienes que decir y que sabes que tienes dentro y que quieres sacar.

Mi exnovio y su forma de categorizar el mundo

Y claro cuando yo me planteaba cómo hablarte del tema que quiero plantearte hoy, me he acordado de un exnovio de hace bastante tiempo. Este chico, ese novio que yo tuve, tenía una broma recurrente, un tópico que había entre nosotros. Siempre decía que había «dos clases de personas». Por supuesto, las dos clases de personas iban variando, ¿no?

Decía: «hay dos clases de personas: las que lamen la tapa del yogurt y las que no», «hay dos clases de personas: las que les gusta el cine de Hitchcock y las que no», «hay dos clases de personas las que van al teatro y las que no», «hay dos clases de personas: las que bailan con esta canción y las que no», «hay dos clases de personas: las que toman colacao en las que toman Nesquik».

Claro, la clave de esta broma era que al dividir al mundo en dos clases de personas, estaba dando por hecho que había un tipo de persona que tenía razón (obviamente, la que estaba de acuerdo con él) y había otro tipo de personas que estaba equivocado. Era una manera de plantear cuál era su posicionamiento frente al mundo.

Porque claro, cuando él hacía esta afirmación tú sabías en cuál de los dos tipos te posicionabas, y lo que te preguntabas es: «¿estaré en el bando adecuado?».

¿Me gusta o no me gusta?

Y bien, lo que yo te venía a contar a raíz de esta anécdota es que yo por aquella época pensaba que había dos clases de creadoras de contenido: a las que les gusta crear contenido y las que creen que no les gusta.

Hay una frase que siempre dice Sunne y que a mí me parece superadecuada para este caso, y es que a todo mundo le gustan los podcasts, solo que todavía no lo saben. Pues yo pensaba aproximadamente esto, ¿no?, que había personas a las que sí que les gustaba mucho crear contenido, que disfrutaban, como era mi caso, y que había otra serie de personas que todavía no habían descubierto que les gustaba.

Yo creo que la comunicación, precisamente por ser algo tan íntimamente relacionado con nuestra especie, algo que nos caracteriza hasta este punto, es algo que en el fondo todos podemos disfrutar. Y si no hemos descubierto todavía que nos hace disfrutar, es porque no hemos encontrado el tema, la manera, el medio… Pero a todo el mundo naturalmente le gusta crear contenido… aunque algunos todavía no lo saben.

En fin, que yo en toda esta época sí que pensaba que había dos clases de creadoras de contenido: a las que les gustaba y las que creían que no. Creía que ese segundo grupo, simplemente, había desconectado de ese disfrute.

Si no te lo pasas bien, no merece la pena

Y entonces, cuando yo comencé con mi negocio, decidí centrarme en este segundo grupo: los que habían desconectado del disfrute de crear contenido, pero que sin embargo veían necesario crearlo, porque estaban comenzando un negocio y la creación de contenido era la manera de conseguir que más gente te conozca, de darles una muestra de tu trabajo, de demostrar cierta autoridad y de crear, en el fondo, una comunidad en torno a tu marca.

Entonces, era consciente de que había un gran número de personas que creaban contenidos por obligación, pero sin disfrutar de ello, y decidí que en el fondo mi misión iba a ser reconectarles con ese disfrute.

Así que organicé el mundo de otra manera. «Hay dos clases de creadoras de contenido: las que lo disfrutan y las que no».

Al hacer este pequeño cambio, pues lo que estaba transmitiendo, lo que estaba comunicando, es que lo importante, precisamente, es divertirse, disfrutar del proceso, ser creativas, recuperar esta creatividad. Que yo siempre digo: la creatividad no es que la tengas o no la tengas, la creatividad la tenemos todas. Lo que pasa es que algunas la tienen inactiva.

Entonces, vamos a disfrutar, vamos a activar nuestra creatividad y, bueno, pues si de paso consigues resultados, genial, pero yo creo que los resultados se consiguen precisamente cuando te estás divirtiendo con lo que estás haciendo.

Yo siempre digo una frase, además, seguramente si me sigues hace tiempo ya la conoces. Y es que «si no te lo pasas bien, no merece la pena».

Y este ha sido, durante muchísimo tiempo, mi enfoque de negocio, es decir: el disfrute. Vamos a conseguir disfrutar de esta creación de contenido, vamos a divertirnos, vamos a pasárnoslo bien, vamos a conseguir que crear contenido sea algo que me provoque una tremenda alegría. Yo creo que es un enfoque muy interesante.

Un pasito más allá

Pero, obviamente, nunca nos quedamos paradas en el mismo lugar. Y aunque este era un punto de partida que me encanta y con el que sigo estando de acuerdo, una sigue avanzando, sigue creciendo, sigue aprendiendo nuevas cosas, experimentando cosas nuevas. Y sí, he aprendido muchísimo en el proceso y he descubierto muchas cosas.

Yo llevo mucho tiempo, como ya te he dicho, como creadora de contenido. Prácticamente todo mi vida, no recuerdo otra cosa.

Pero la verdad es que siempre he estado centrada, sobre todo, en el contenido escrito. De hecho, fíjate que mi nombre en redes es @merescritura. Y sí, hacía programas de radio de pequeña (parece que ya desde pequeña me gustaban los podcast), también hice muchísimo teatro, incluso me compré una cámara de vídeo y jugaba un poco con ella, me divertía intentando contar historias a través del vídeo. Pero yo tenía clarísimo que mi medio de comunicación fundamental era la escritura.

También es lógico: la escritura es el medio más versátil, especialmente si eres joven, tienes pocos medios y vives en una era bastante analógica. Aunque luego yo experimenté también el paso al digital y entonces fue cuando mis contenidos empezaron a evolucionar. Pero sí que es cierto que me centré en el tipo de contenido escrito, me volqué sobre todo en los blogs, en los foros… hasta que surgieron las redes sociales.

Y luego, hace un par de años, comencé mi negocio, y me puse a crear contenido obviamente por escrito, pero también en otros formatos diferentes al escrito. Vídeos en directo, vídeos grabados, infografías, carteles, imágenes… y, finalmente, hace algunos meses, me pasé al formato podcast.

Mi experiencia con el vídeo

El hecho de pasarme a otros formatos que no eran los que yo naturalmente desarrollaba, es decir, no eran el formato escrito… no siempre ha sido fácil.

De hecho, en mi escuela Creadoras de contenido parece que siempre surge de manera recurrente el tema del vídeo, porque hay muchas personas a las que les cuesta el vídeo… y yo soy una de ellas.

A mí me costaba muchísimo, yo siempre cuento en la escuela cómo la primera vez que quise grabar un vídeo me dio un ataque de ansiedad antes de pulsar la tecla «grabar». La segunda vez, hice varias tomas y acabé echándome a llorar. La tercera vez decidí que el vídeo iba a ser en directo, y así no tenía excusas para estar grabando y volviendo a grabar y volviendo a intentarlo por ese afán de perfeccionismo. Hice un directo con público limitado, solo podían verlo pues… no sé, 10 o 20 personas. Pues acabe derrumbándome, cortando el directo antes de lo previsto y yéndome a la ducha a llorar.

Es decir, mis comienzos con el vídeo no fueron fáciles. Durante meses, me ponía tan tensa cada vez que hacía un vídeo que, sí, efectivamente, al terminar estaba tan sudada que tenía que volver a ir a la ducha a enjuagarme un poco y a adecentarme. Y bueno, pues tampoco me torturaba con ese tema, no me obligaba a estar haciendo vídeos como mi formato principal, ni mucho menos, pero sí que me imponía que por lo menos… no sé, un par de veces al mes, tenía que hacer algún vídeo, porque tenía que soltarme en este aspecto.

Y es que claro, yo sentía que en redes sociales, en mi web, yo podía sobrevivir solo por escrito, podía no utilizar el vídeo. Pero claro, yo estaba creando formaciones. Y si yo iba a vender un curso en el que las clases estaban en vídeo, y resulta que en los vídeos se me veía como si fuera un pajarito herido, sufriendo y deseando que terminase ese momento… pues no iba a dar una imagen muy profesional.

Así que yo tenía que practicar, y me obligaba. Al principio eran 2-3 veces al mes las que hacía algún vídeo, a veces grabado, a veces en directo. Y poco a poco fui aumentando la frecuencia con la que salía en este medio. Cuando me vi capaz no tanto de hacerlo con soltura como de hacer vídeos con cierta frecuencia sin que me supusiera una penalidad insufrible, pues decidí hacer un compromiso: un programa semanal en IGTV. Eso me obligó a estar grabando mínimo un vídeo a la semana.

Han sido dos años enteros trabajando mi capacidad de enfrentarme a la cámara. En los primeros vídeos, como te decía, lo pasaba fatal, me tenía que ir a llorar después, de la tensión que acumulaba mientras grababa los vídeos… y está claro que se notaba. Yo, cuando veo los vídeos de aquella época, digo: «¡madre mía, qué cara de terror, de pena, de miedo, de nervios, qué voz temblorosa!». No miraba a la cámara, no enfocaba bien los planos, no era capaz de sacarle partido a la luz…

No, definitivamente el vídeo no era mi formato, pero practiqué, practiqué, practiqué y poco a poco, sutilmente, empezaron a notarse ciertas mejoras: cambié la ubicación de los vídeos para tener mejor luz, la voz dejó de temblarme poquito a poco, empecé a sentirme más cómoda, incluso se me veía gesticular delante de la cámara…

Cómo ha cambiado mi relación con el vídeo (y qué impacto ha tenido en mi trabajo)

Ahora mismo el vídeo es uno de mis formatos favoritos, y lo mejor de todo es que este ejercicio de estar haciendo constantemente vídeos durante 2 años, está práctica constante, seguir practicando una y otra vez, me ha ayudado a ser mejor creadora en vídeo, y esto no solo afecta a mis contenidos gratuitos, los que público en redes o en mi web, los que comparto a través de mi lista de correo electrónico. Sino que, sobre todo, también afecta a cómo creo mi contenido de pago, a cómo creo mis formaciones.

Tanto cuando las formaciones son talleres en directo como cuando son grabaciones que mis alumnas van a ver en diferido, si esos vídeos son de calidad y a mí se me nota cómoda en esos formatos, y de verdad transmito lo que quiero transmitir y con la vehemencia necesaria, pues obviamente el mensaje llega muchísimo mejor. Y todo esto me lo ha proporcionado la práctica.

Y ahora… pues me alegro muchísimo, infinito, de haberme obligado a mí misma, sin sufrir demasiado, poco a poco, respetando mi ritmo, a seguir practicando un formato con el que inicialmente no me sentía cómoda en absoluto.

Así que ahora, llegado este punto, pienso que hay dos tipos de creadoras de contenido: las que lo experimentan como un enorme regalo y las que no.

El contenido es un regalo de ida y vuelta

Y es que sí, el contenido es un enorme regalo a tu audiencia, porque, como ya decía antes, es una muestra de tu trabajo para que te conozcan, para que sepan cómo te mueves, cómo hablas, cómo te expresas… Pero si solo transmites desde ese punto, desde el «yo estoy compartiendo para conseguir clientes, para que me conozcan», en el fondo estás creando contenido desde la escasez, desde el «yo necesito, y, precisamente por eso, hago esto como condición, no disfruto de mi contenido, sino que simplemente lo creo desde un punto de vista utilitario para conseguir un beneficio».

Yo la verdad es que prefiero ver la creación de contenido más bien como un regalo, y un regalo no solo a mi audiencia. No es ese regalo interesado que yo te hago para que me conozcas y me acabes contratando. En el fondo, los buenos regalos se hacen… porque sí, pensando en lo que necesita la otra persona, o lo que le gusta a la otra persona. Los buenos regalos son los que nutren relaciones de verdad.

Pero, sea como sea, yo creo que el contenido es un regalo a tu audiencia, sí, pero sobre todo es un regalo a ti. Te estás regalando la oportunidad de seguir aprendiendo, de seguir profundizando en ciertos temas, de experimentar con medios en los que no te sientes del todo suelta. Te entrenas, evolucionas, aprendes.

He puesto el ejemplo del vídeo como podría haberte puesto muchos otros. Es decir, por ejemplo, el diseño de carteles e infografías: pues al principio lo hacía de manera muy torpe, y desde luego ahora mismo miro mis primeros diseños y digo: «madre mía, esto no tiene ningún sentido». Poco a poco, he ido consiguiendo que mis mensajes se transmitan muchísimo mejor por medios un poquito menos escritos y más visuales.

Mi recomendación para ti

Así que en este momento no puedo sino hacerte una recomendación desde este rinconcito, desde este lado del micrófono. 👇

Goza. Disfruta tu contenido, porque es un regalo, es una oportunidad de crecimiento.

Crear contenido de forma gratuita es un acto de generosidad, pero no es un acto de generosidad con los demás y simplemente con el interés de conseguir nuevos clientes. Es un acto de generosidad, sobre todo, contigo misma, es un entrenamiento para convertirte en una mejor profesional. Te da oportunidades de practicar y de mejorar mientras consigues un flujo constante de clientes. Si solo practicaras cada vez que tienes productos de pago o clientes de pago, realmente avanzarías muchísimo menos.

Así que disfruta esta oportunidad de, mientras muestras a tu público lo que sabes hacer, ir mejorando cada día para ser una mejor profesional.

Despedida

¡Y esto es todo por hoy! Me encantará saber que me has estado escuchando, así que… ¿Por qué no lo cuentas en Instagram o en Twitter y me etiquetas? Mi nombre en redes es @merescritura. Estoy deseando verte y responderte.

Aquí, por cierto, podría decir que hay dos clases de oyentes de este podcast: los que van a etiquetarme en redes sociales y los que no. 😉

Ya sabes que puedes suscribirte al podcast en tu plataforma de podcasting favorita o puedes verlo en mi web merflores.com/contenidoscreativos, aunque, ¡ojo! si estás suscrita a mi lista de correo lo recibirás con comentarios extra en cuanto esté publicado.

Te deseo que tengas una semana supercreativa. Te espero en el siguiente episodio y, hasta entonces, ¡que la Musa te acompañe!

¡Hola, soy Mer! 😊

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