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No importa lo que estés escribiendo: un relato, una novela, un libro de no ficción sobre aquel tema en que eres experta, un artículo para tu blog, un email para enviar a tus suscriptores. Cuando termines, es posible que te encante tu trabajo y lo encuentres prodigioso; o tal vez al releerlo te parezca que no está tan bien como creías. No importa qué has escrito ni cómo de satisfecha te encuentres, hay una tarea que no puedes saltarte bajo ningún concepto: la fase de edición.

La fase de edición

Editar es imprescindible

La primera versión de un texto nunca es la mejor. Y aunque si escribimos y editamos a menudo va a mejorar la calidad de nuestra escritura, hemos de tener en cuenta que incluso los mejores escritores necesitan revisar sus textos. ¿Crees que lo que acabas de escribir es magnífico? Sin duda será aún mejor después de la fase de edición. 

Los escritores con poca experiencia no suelen ser conscientes de la necesidad de revisar los textos, a veces incluso en varias ocasiones. Lo habitual es que escriban con prisas y se lancen a la fase de publicación sin pasar por la de edición.

Es un problema de aprendizaje incorrecto. Yo doy clases de lengua y literatura en un instituto y esta es una de las mayores carencias que observo en nuestro sistema educativo: mientras se nos obliga a memorizar muchos datos que en nuestra vida adulta no van a servir absolutamente para nada, no se nos enseña a redactar correctamente. No se nos explica que un buen texto no sale a la primera, sino que requiere una planificación inicial, luego la escritura propiamente dicha y, para finalizar, mejorar nuestro texto en la fase de edición.

Por qué escribir y editar son dos fases diferentes

Escribe borracho, edita sobrio.

— Ernest Hemingway

La cita que lees a la izquierda de este párrafo se atribuye a Hemingway. Aunque se ha cuestionado que se trate de un consejo literal (Hemingway no era demasiado aficionado a la bebida), creo que la metáfora es muy gráfica. Escribir es una tarea creativa y por lo tanto depende del hemisferio derecho de nuestro cerebro. Para sacar lo mejor de nuestra escritura, debemos entregarnos a esta tarea sin inhibiciones, sin dudas ni autocrítica. Sin embargo, comprobar la gramática de una oración, asegurarnos de que no hay faltas de ortografía, localizar los adverbios o evitar repeticiones son tareas propias del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro, nos requiere atención plena y activar el sistema nervioso simpático. Por eso, para maximizar las posibilidades de terminar con un texto perfecto, debemos separar escritura y edición y realizarlas en dos momentos diferentes. 

Es, incluso, una cuestión de productividad. Editar mientras se escribe no es un hábito efectivo, aunque muchos lo tenemos (sí, yo también). Admitámoslo, la mayoría de las veces tenemos poco tiempo en una misma sesión de escritura. ¿Cómo vamos a lograr que el proyecto avance si nos estamos preocupando de dónde colocar una coma, cuándo cambiar de párrafo, emplear sinónimos para evitar repeticiones y cuidar que nuestro estilo sea coherente? Si nos dedicamos a corregir y mejorar el texto sobre la marcha, solo avanzaremos unos pocos párrafos por sesión, y el proyecto se eterniza. Y, además, eso no nos exime del proceso de edición final. Cada fase tiene su momento, y no podemos saltar pasos. Siempre es necesaria una fase de edición, por mucho que te hayas detenido mientras escribías tu texto, por mucho que pensaras que estaba quedando perfecto.

Escribir sin editar es como peinarte sin mirarte al espejo. Clic para tuitear

3 consejos para afrontar la fase de edición

La fase de edición es crucial en el proceso de escritura. Es la única forma de garantizar que el texto tiene calidad y se leerá correctamente. El propósito de la edición es facilitar la lectura, hacer el texto más sencillo y comprensible para el lector. Más adelante escribiré más artículos para ayudarte a editar tus textos cada vez mejor, pero permíteme que hoy comparta contigo unos breves consejos:

  • Deja pasar un tiempo entre una fase y otra. Tienes que sentir un cierto desapego por lo que tanto esfuerzo te ha requerido antes de criticarlo y editarlo. El tiempo necesario normalmente depende del tipo de texto. Si es una newsletter o un post de tu blog, bastará con que te dediques un rato a una tarea diferente y vuelvas pasadas una o dos horas. En el caso de un texto de longitud media (que has pasado días o incluso semanas trabajando en él), te aconsejaría dejar pasar al menos unos días, idealmente una o dos semanas. Si lo que has escrito es un libro, es mejor guardarlo un mes o dos antes de ponerte a editar.
  • Edita tus textos, incluso si tienes pensado pasarlos a un profesional. No solo porque le ahorrarás tiempo (y, por lo tanto, pagarás menos dinero), sino porque nadie conoce como tú el texto que has escrito. Cuanto mas elaborado esté el texto que entregues a tu corrector, más probable es que acabes satisfecha con el resultado.
  • Lo ideal es que hagas varias ediciones: una para la estructura en general (capítulos, organización de los párrafos), otra para la gramática, otra para la ortografía…

Escribe a diario. Sin excusas.

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