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¿Te has sentido alguna vez bloqueada al ponerte ante una página en blanco? ¿Te imaginas lo que puede ser un bloqueo de larga duración? Yo lo he vivido, y esto es lo que aprendí cuando me esforcé en superarlo.

Nunca había dejado de escribir

He escrito durante toda mi vida, desde que tengo memoria. Ya antes de saber las letras creaba historias (mi padre me grabó de niña contando los cuentos que yo misma inventaba). Escribía relatos y poemas, escribía sobre las cosas que me preocupaban de mi entorno, y cuando estudié una carrera empecé a escribir también (y a publicar) sobre temas que me interesaban profesionalmente. Después me hice correctora y empecé a mejorar también los textos de los demás.

La escritura ha sido siempre una parte importantísima de mi vida.

Algunas veces he tenido bloqueos, claro, pero rara vez era algo que durase mucho más de dos o tres semanas. Hasta aquel día fatídico.

Mi bloqueo más largo

Estaba pasando una mala racha. Un novio me había dejado y me había quedado muy hecha polvo, y justo antes de unas oposiciones para las que perdí completamente la concentración. Ya sabes lo que pasa: lloriqueo, autoestima baja, desmotivación general. Seguía corrigiendo, claro, era una de mis fuentes de ingresos, pero dejé de escribir textos propios. Cuando quise darme cuenta, llevaba ya unos meses sin escribir y me había metido en una espiral muy peligrosa.

Sí, llevaba meses sin escribir. Pero eso no era lo más grave. Lo peor era la sensación de ansiedad. Después de tantos meses, mi confianza en mí misma estaba debilitada, y cuando pensaba en volver a escribir me imponía a mí misma crear algo de muchísimo valor para demostrarme que podía hacerlo, y claro, me acababa venciendo la presión. Eso hacía que cada vez estuviera más bloqueada y tuviera menos valor para lanzarme. No estaba a la altura de mis enormes expectativas, y eso me hundía más y más.

Además (o tal vez en relación con este tema), las personas a mi alrededor no eran de demasiada ayuda. Minaban mi autoestima, criticaban mi estilo, y yo cada vez sentía más miedo a hacer aquello que más me gusta. Es una situación terrible, te lo prometo.

Por suerte, encontré la solución. Un día decidí que ya era suficiente, y me puse a trabajar. No sé muy bien de dónde saqué las fuerzas, pero luché contra todos mis miedos e inseguridades, y dejé de permitirme poner excusas. Tomé las riendas. No fue fácil, pero al cabo de un tiempo trabajando volvía a estar en racha. No he vuelto a dejar de escribir.

Por qué es tan peligroso un bloqueo

El tiempo pasa muy rápido. Unos días se convierten en semanas, las semanas en meses y los meses en años. Es muy difícil parar. Te prometo que llegué a pensar que no volvería a escribir nunca, y que en el fondo era lo mejor porque yo no tenía nada importante que transmitir. :O

Es muy fácil dejarse llevar. Y cuando más tiempo llevas bloqueada, más difícil es salir de esa situación.

Lo que aprendí de esa sequía de escritura

La verdad es que, una vez superada aquella crisis, me alegro de haber vivido un bloqueo de cuatro años. Conozco «el lado oscuro», y puedo ayudar a mi tribu de escritores cuando me necesiten para superar un escollo parecido. He aprendido muchas cosas, entre otras:

  • Que un día sin escribir puede ser una trampa, porque trae muchos más días detrás.
  • Que una vez empiezas a ponerte excusas, es un no parar.
  • Que la única manera de superar esas excusas es buscar una solución para cada una de ellas. De forma inmediata.
  • Que las opiniones de los demás pueden ser un enorme lastre que nos impida avanzar en nuestros proyectos.
  • Que esa negatividad puede destrozar nuestra autoestima, arruinando no solo nuestros hábitos de escritura sino otras facetas de nuestra vida.

Qué puedes hacer para que no te pase a ti

  • No dejes que se enquiste. Ponle solución lo más rápido posible. Ya sabes que yo recomiendo dedicar cada día al menos un ratito  a alguna de las tareas relacionadas con la escritura. Y que los días en blanco sean los mínimos posibles. Porque un día nos da la excusa para otro, y para otro más. Si necesitas ayuda, te regalo mi ebook gratuito con 15 excusas para no escribir (y cómo superarlas).
  • Busca motivación: recuerda cuál es tu motivo para escribir. Hazte un tablero inspiracional donde aparezcan los resultados que esperas conseguir con tus textos y cómo esperas sentirte. Escríbete una nota diciéndote por qué quieres escribir y pégala en el espejo del baño, así puedes leerla cada vez que te mires en él. Lo que sea, con tal de mantenerte motivada.
  • Olvídate de los textos perfectos. Lo primero es escribir, comunicar lo que quieres decir. A partir de ahí, podemos trabajar en mejorarlo. No olvides que la fase de escritura se centra en producir, mientras que la fase de edición se centra en mejorar.
  • Rodea tu proyecto de personas que acompañen, aporten e inspiren. Cuenta qué estás escribiendo y por qué a las personas más optimistas y estimulantes de tu entorno. Comparte con ellas tus éxitos, por pequeños que sean (si hoy has escrito 300 palabras, estás un poco más cerca de tu objetivo; si has publicado un post en tu blog, ya estás compartiendo tu escritura; etcétera). Comparte también tus preocupaciones. Busca, si puedes, personas que hayan pasado por experiencias semejantes y puedan enriquecerte. Si me necesitas, mándame un email a hola@merflores.com y estaré encantada de ayudarte.

Escribe a diario. Sin excusas.

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