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Mer Flores

El tema, la estructura y el argumento

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¿Crees que escribir una novela o un relato es simplemente cuestión de talento? No me extraña, es una creencia popular bastante extendida. Sin embargo, aunque el talento puede ser de gran ayuda, escribir ficción se basa en aspectos técnicos que puedes conocer y dominar. Hoy voy a hablarte de varios elementos relacionados con la acción: el tema, la estructura y el argumento.

Narrar es contar una historia, una acumulación de acontecimientos, situándolos en el espacio y en el tiempo creando todo un universo ficcional.

[bctt tweet=»Lo esencial en la narración es la acción: tiene que haber una historia, tiene que pasar algo.»]

Esa acción a la que nos referimos se fundamenta en un tema, y puede desarrollarse en distintos argumentos según diversas estructuras.

El tema y la premisa

El tema es el eje de un relato, el concepto en torno al cual gira nuestra historia, que lo estructura. Lejos de ser algo concreto, el tema es un concepto abstracto, y debe poder representarse en una sola palabra. No nos limita a un espacio ni a un tiempo determinado: partiendo de un mismo tema podemos plantear infinitas historias.

Algunos posibles temas, para que puedas hacerte una idea, son el amor, el odio, el dolor, la ambición, los celos, el narcisismo, la angustia, la ira, la infertilidad, la hipocondría, el heroísmo, la crueldad…

[bctt tweet=»El tema de nuestro relato es el fruto de reducirlo a una única palabra.»]

Partiendo de ese tema, el escritor plantea una premisa. La premisa es el fruto de aportar determinado punto de vista elegido por el autor al tema previamente establecido. Define su postura, y debería poder formularse en una sola frase.

Algunos posibles ejemplos: partiendo del amor, podemos plantear premisas como «el amor supera todos los obstáculos», «el amor verdadero es muy difícil de encontrar», «el amor puede tornarse en obsesión» o «el amor no tiene edad»; partiendo del narcisismo, «el narcisismo altera la percepción de uno mismo» o «el narcisismo lleva a la soledad y la autodestrucción»; si nuestro tema es la infertilidad, podemos sacar «la infertilidad pone a prueba al amor» o «la infertilidad puede destruir a una mujer». Todos estos ejemplos son premisas de novelas reales que he leído hace poco.

Como puedes observar, la premisa no cuenta ninguna historia, aunque ya nos da algunas pistas. Puede que al leer algunas de las premisas anteriores tengas claro qué tipo de historia hay detrás, o puede que no. La importancia de la premisa no reside en los datos que nos aporta sobre la historia, sino en que contribuye a su coherencia.

El tema y la premisa no son necesariamente el punto de partida para escribir una novela, pero el autor debería fijarlos relativamente pronto para plantear la estructura y el desarrollo de la obra en torno a ellos. Todos los elementos de nuestro relato deberían acabar conduciéndonos a la premisa directa o indirectamente.

La estructura

La estructura es el armazón externo según el cual se organiza nuestro relato. Es la forma, el cómo contamos una determinada historia. Es una buena idea plantearse qué tipo de estructura queremos desarrollar antes de comenzar a escribir: a menudo se nota la inexperiencia de un escritor novel en el desarrollo de una estructura poco cuidada.

Un texto narrativo puede atender a diferentes estructuras:

Estructuras según su arranque

El planteamiento de la narrativa tradicional organiza los episodios en una estructura tripartita: planteamiento, nudo y desenlace. Todo comienza por una situación estable que alguna fuerza perturba y de ello resulta un estado de desequilibrio; por la acción de una fuerza dirigida en un sentido inverso, un nuevo equilibrio se establece, nunca idéntico al primero.

También podemos encontrar un comienzo in media res (se prescinde de la presentación y comienza la narración directamente por el conflicto) o incluso comienzo in extrema res (se inicia el relato por el final de la historia).

Estructuras según su forma de composición o desarrollo

La estructura puede ser lineal (el relato se organiza de forma cronológica, contando una historia desde el principio hasta el final) frente a la episódica (sucesión y yuxtaposición de hechos más o menos aislados, como en El lazarillo) o la simétrica (dos o más historias que se presentan de forma paralela porque convergen en su desenlace o responden a un eje temático común).

Estructuras según su cierre

Dependiendo de la forma en que finaliza el relato, la estructura puede ser cerrada (el desarrollo sigue un camino marcado y termina en un desenlace que aporta una conclusión a la trama principal y a todas las subtramas) o abierta (el final deja algunas tramas sin una conclusión clara, de forma que resulta una obra fácilmente susceptible de continuación). También encontramos la estructura circular (al final de la narración se produce un encuentro con el punto de partida, el inicio del relato).

De la historia al argumento

¿Tienes ya la idea para tu novela? Si la desarrollas todos los hechos de forma lineal, desde los primeros acontecimientos que lo originaron todo hasta las últimas consecuencias, tienes la historia que se narrará en la novela. Algunos escritores con poca experiencia cometen el error de pensar que eso es todo, que ahí está la novela. Pero no lo olvides:

[bctt tweet=»Escribir no es simplemente contar una historia: es sobre todo cómo contarla.»]

Tras desarrollar la historia principal, tendrás que hacer lo mismo con las historias secundarias, esas que suceden paralelamente a la primera y que le sirven de complemento o de ambientación.

Cuando las tengas todas, deberás seleccionar qué partes de la historia son relevantes para ser contadas. No todos los hechos son importantes: puede que te interese omitir cómo llegó tu protagonista desde España a Polonia a mitad de la historia. Tú debes saberlo, pero has decidido no contarlo porque no aporta mucho a la historia, o quizás en vez de narrar cómo compró los billetes de avión, preparó la maleta y se fue al aeropuerto prefieres presentarlo ya en el aeropuerto de destino. Haz esto con la historia principal y las secundarias.

Si ordenas los hechos que has seleccionado tal y como aparecerán en la novela, siguiendo una determinada estructura, tendrás la trama principal y cada una de las subtramas. Todo ello unido y entrelazado dará, por fin, el argumento de la novela. Puedes ver un ejemplo en el esquema que encontrarás a continuación.

La técnica de la escaleta

Las indicaciones que acabo de darte son los primeros pasos para una conocida técnica de escritura, la técnica de la escaleta. Delimitando el tema y la premisa, escogiendo una estructura, desarrollando la historia principal y las secundarias y transformándolas en un argumento tendrás el esqueleto de tu novela. Ya solo queda ir desarrollando las escenas una a una, pero lo harás con la garantía de seguir una planificación y una estructura cuidadas.

 

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